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La chica que oía canciones de Kurt Cobain, de Miguel Aguerralde

Hacía tiempo que no escribía una reseña y tenía ganas de volver a activar el blog. Llevo semanas dándole vueltas sin tiempo para dedicarle, pero sí sabía que lo haría con esta reseña. Porque La chica que oía canciones de Kurt Cobain es una novela que se me ha quedado en la cabeza desde que la leí, hace ya un par de meses.
Antes de nada, tengo que decir que decidí leer esta novela por dos motivos muy poderosos. Primero, porque llevo una temporada interesado en la relación de la música y la escritura, como lector y como escritor. Y, segundo, porque sigo con atención todo lo que escribe Miguel Aguerralde desde que conocí sus trabajos, en 2012. Dada su trayectoria, ver el lanzamiento de esta novela fue todo un acontecimiento. ¿Cómo resistirme a ver su estilo en este nuevo registro?
En novela, Aguerralde es ante todo un escritor de terrores y malos rollos, pero la editorial Siete Islas se dedica a «historias que emocionan», como ellos mismos dicen. Así pues, esta es la historia tras esta novela:

Seguro que tú también recuerdas la primavera del noventa y cuatro. Una época de amistad, de ilusiones, de los primeros amores y las decepciones más crueles. Y recordarás cómo el suicidio del líder de Nirvana sacudió el mundo de la música y lo truncó para siempre. Así fue también para mí, entonces veinte años más joven, y ahora quiero contarte cómo descubrí, entre tigretones, chicles de a duro, programas del ‘Un, dos, tres’ y a golpe de beso y guitarra, que la vida era mucho más que una partida de videojuego. Quiero contarte cómo irrumpió en mi vida y cómo cambió mi universo la chica que oía canciones de Kurt Cobain. Esta es la historia de cómo el primer amor pone patas arriba las piezas de nuestro tablero, de cómo la música alimenta nuestro corazón y de esos recuerdos que vuelven a visitarnos cuando menos lo esperamos.


Esta es una de esas historias que tanto nos están gustando ahora, de esas que cogen los años de nuestra infancia y juventud y los traen de nuevo a la mente, repasando lo que más nos gustaba de aquellos tiempos, lo que más rabia nos daba, lo «mítico», como decimos charlando. Y, de vez en cuando, te hace recordar cosas que creías olvidadas o tenías bloqueadas. Es una de esas historias que se lee como si se estuviese charlando en un bar con los amigos de aquella época, repasando todos esos recuerdos; esa es la sensación que se tiene al ir avanzando, en paralelo a la historia que nos cuenta.
Estoy seguro de que, si has crecido en los noventa, eres de EGB, de pandillas de amigos viviendo en la calle y yendo a los recreativos y escuchabas música en casete o en CD, esta novela te gustará.
En cuanto a la novela en sí, cuesta mucho no darse cuenta de que hay algo muy personal en ella. No quisiera meterme más allá de lo que Aguerralde ya ha hecho público, pero no me costaría creer que se trata de una novela autobiográfica, dado el nivel de detalle y el sentimiento impregnado en ella. Si no es así, Aguerralde ha sabido crear muy bien ese aspecto de los personajes. Si es así, de todos modos, lo ha hecho genial.
Sí añadiría algo, aunque como apreciación personal, por mi forma de ser y mi visión subjetiva: me quedaría tan sólo con la primera parte de la novela. Aunque me ha gustado la segunda, ya no vi en ella la carga y la profundidad que vi en la primera. Siento no poder explicarme, pero no quiero estropear la sorpresa a nadie. Simplemente, el poso de sentimiento, nostalgia, juventud y hasta misterio que me dejó la primera parte se me fue casi de un plumazo con la segunda, que se dedica más a la resolución del misterio que a desarrollar ese amor de verano. Es un final necesario y muy bueno, muy bien contado y muy bien trazado. A pesar de ello, me ha gustado mucho. Pero, qué le vamos a hacer… romántico que es uno.

En definitiva, una novela muy recomendable. Y, de nuevo como apreciación personal, lo leí con la sensación de que había disfrutado de la mejor novela de Miguel Aguerralde. De quitarse el sombrero y aplauso. Y apuntado como de lo mejor que llevo leído en este 2017.

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