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Pero ¿qué es steampunk?

Hace unos años, el steampunk estaba en pleno crecimiento. Desde (más o menos) 2001, retornó al mundo anglosajón desde el letargo en el que había caído tras su nacimiento. El siglo XXI lo vio salir de los libros para volverse mucho más que solo un subgénero literario, pasando al mundo de la moda y otras disciplinas. Así nació lo que ahora se conoce como movimiento steampunk, llevando a que se formase asociaciones, federaciones, grupos... y a que se celebren convenciones por todo el mundo dedicadas en exclusiva a él.
En España, este fenómeno entró unos años después, como suele pasarnos con todos los movimientos culturales, y tuvo su tiempo de auge entre (otra vez digo más o menos) 2009 y 2014.

Quizá recordéis que fue por entonces que IBM hizo una predicción que en parte sorprendió y en parte veíamos venir: 2014 sería el boom del steampuk. Además, se auguraba en el mundillo editorial que sería el próximo fenómeno literario.
Por mi parte, junto con otros autores, estuvimos al tanto del tema para estar en la línea de salida cuando ese momento llegase. En una carrera de fondo, nos pusimos manos a la obra, ya desde 2011, para formar parte de ello y aportar nuestras ideas. En mi caso, junto con Paulo César Ramírez, tuvimos la satisfacción de poner en marcha y ver crecer durante cuatro años la única serie de antologías dedicadas al steampunk y a retrofuturismos afines publicada en España. Además, cada uno de nosotros publicó una serie de relatos y sus propias novelas dentro del retrofuturismo.

Sin embargo, 2014 llegó y pasó sin hacer demasiado ruido. Mirando la vista atrás, sí podría calificar aquel año como el año en el que el steampunk más creció. En España hubo mucho movimiento y entusiasmo más allá de los libros y se crearon nuevos grupos y llegaron muchos más aficionados, gente que pasó de no saber nada del tema y ser parte integrante del movimiento a nivel nacional.
Por entonces, ya a primeros de 2015, Marcus R. Gilman decía lo siguiente en este mismo blog:

"Desde hace un año o año y medio se ha estado hablando de que el steampunk se ha estancado, o ha tocado techo, en Norteamérica; que a los medios les interesa cada vez menos y que la escena ya no crece como lo solía hacer.
Pero, por mi experiencia, las cosas son muy diferentes en Europa."

Merece la pena echarle un ojo a esa entrevista y retomarla para observar con objetividad cómo han cambiado las cosas. Recuerdo que, por entonces, personalmente miraba la situación en Norteamérica con cierto recelo. Nuestro avance en el steampunk, hablando de España, estaba muy ligado al avance en Estados Unidos. Y, si ahora estaban estancándose, ¿qué nos pasaría a nosotros?

A día de hoy, en 2016, tengo la sensación de que el desarrollo paralelo nos ha llevado por el mismo camino. El steampunk no ha sido el boom que nos habían vendido. Las editoriales esperaban un fenómeno que no termina de llegar y ya empieza a hacerse cansado esperar. Ojalá me equivoque, pero me atrevería a decir que es un tren que ya no pasará por esta parada. Sí es verdad que se ha hecho un hueco en la literatura y entre nosotros. Las convenciones siguen adelante con gran éxito, la gente sigue consumiendo steampunk, se sigue editando y sigue entusiasmando. Pero lo que está claro es que esto no es lo que esperábamos; esto no ha terminado de cuajar. Y, supongo que tampoco es lo que IBM pretendía predecir. Entonces, ¿qué ha pasado?

En mi opinión, y sin ánimo de sentar cátedra ni de dar una respuesta categórica, el steampunk ha visto como se volvía contra sí mismo como su mayor enemigo el que fue y debería seguir siendo uno de sus mayores aliados: su maleabilidad.
Sí, desde que uno conoce el steampunk una de las cosas que más le atrae es que es un subgénero con el que podemos hacer muchas cosas. Sin perder una base lógica, podemos meternos en el campo de la historia, en diversas ciencias... Podemos contar historias de pasados que nunca fueron o de futuros posibles o imposibles... Podemos desarrollar una utopía, una distopía, una historia postapocalíptica... Podemos jugar a la ucronía, al retrofuturismo y al anacronismo a la vez. Podemos hacer mil cosas siempre y cuando no perdamos la base.
Ahí radica, creo yo, el error que ha hecho que esto se esté desmoronando. Lo digo tímidamente pero quiero seguir la metáfora de la torre que se construye sobre cimientos que no son del todo sólidos.
Si la base de una torre tiene cimientos sólidos, esta crecerá y crecerá y aguantará de pie; pero si los cimientos sobre los que se construyen no son sólidos y firmes, la torre no terminará por desmoronarse. Esto es, creo yo, lo que le está pasando al steampunk.
Hace años hasta 2014, más o menos, se veía en la comunidad steampunk que la mayoría de los aficionados tenían claras cuáles eran esas bases sobre las que construir. Y, desde luego, no eran el engranaje y el vapor. El steampunk tenía unos principios básicos que cumplir para funcionar, como todo subgénero o género literario. Recuerdo que un amigo dijo en una ocasión que si quieres hacer una tortilla puedes usar mil ingredientes y darle las formas que quieras, pero que siempre necesitarás huevos y patatas. Sin esa base, no puedes llamarle tortilla, por mucho que se le parezca.

Sin embargo, desde 2014, con la llegada de muchas más personas, de antecedentes muy diversos y con mil ideas preconcebidas diferentes de lo que es el steampunk, estas bases se han ido perdiendo poco a poco. Actualmente, está ampliamente reconocida de forma tácita que la primera, y a veces incluso se dice que única, premisa del steampunk es que cada uno lo desarrolla como quiere.
Claro, eso siempre fue cierto, siempre fue así. Nuestra serie de antologías Ácronos es un buen ejemplo de ello. Siempre pretendimos empujar más y más las fronteras del steampunk y de retrofuturismos afines para ver hasta dónde podíamos llegar. Pero, con más o menos éxito, todos los autores pretendimos respetar la base de la torre para que el experimento saliese bien y no se desmoronase. Pero no debemos olvidar que siempre hay que respetar la base. Y si solo construimos en base a que cada uno construye como le parece, la torre no tardará mucho en caer por su propio peso.

Desde hace unos meses, he ido viendo cómo se comportan los aficionados al steampunk en convenciones o grupos virtuales y siempre veo ese mismo patrón. Cuando se presenta una foto, una maqueta, una ilustración, un texto... cualquier creación catalogada como steampunk; en ocasiones se cuelan creaciones que poco o nada tienen que ver con el retrofuturismo. Es curioso, por ejemplo, el poder que tienen el engranaje o el zepelín (cuando, si lo pensamos bien, ni uno ni otro son propios de la época Victoriana).
La cuestión es, creo yo, tan simple como la respuesta a la pregunta "¿Qué es steampunk?". Mientras no sepamos responderla, no podemos pretender que esto avance. Y si nuestra respuesta se limita a "lo que cada uno quiera"... En ese caso, el tren seguirá parado y no pasará por nuestra estación.

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