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A buen entendedor...

Estos días he estado pensando en ese curioso momento, cuando un aficionado al fantástico se topa de narices con el steampunk.
Sinceramente, utilizo la expresión "se topa de narices" porque me parece la más acertada en este caso. Diría que sucede en el 100 % de los casos, pero ¿quién conoce el mundo entero? Digamos, entonces, en la mayor parte de los casos...

El primer bofetón, con mayor o menor reticencia, viene dado por ver que desde hace ya treinta años se ha metido a gran parte de la fantasía victoriana dentro de esta denominación: Steampunk. Puede que guste o no guste, pero la reacción ante la idea suele ser que parece buena, que tiene tirón y quizá no está tan mal. Seamos positivos. Tomemos el caso de que ambos se llevan bien, se gustan mucho y la relación sigue adelante.
Con el paso del tiempo y según el lector —que seguramente viene de vuelta con el ciberpunk y tuerce el gesto— y este caprichoso punk se van conociendo, suelen surgir dos momentos tensos en su relación:

  • El steampunk es un aburrimiento.
¿Para qué vamos a negarlo? Es así.
La primera impresión fue alucinante. Increíble. Era una preciosidad que le abrió a un mundo nuevo y lleno de posibilidades. Pero cuanto más conocía al steampunk, menos le mostraba de sí mismo. ¿Por qué te promete tanto en los primeros encuentros y te invita a conocer más si luego no quiere seguir adelante? Parece tener una coraza que no deja avanzar.
No deja de ser curioso el hecho de que esa amplia mayoría del steampunk, el que se empeña en atascar el género y no dejarlo crecer y evolucionar, no deja de abogar junto al resto de escritores y aficionados en que el steampunk está lleno de posibilidades, de historias, de ucronías...
Bien, pues yo digo que si el steampunk está lleno de tantas posibilidades y se puede hacer tanto con él nos dejemos de una vez de clichés y de describir cacharrada para pasar a lo que de verdad importa. 
Para entendernos y partiendo del ciberpunk (mucho más maduro, dónde va a parar). ¿Nos gustarían las obras de Bruce Sterling, Philip K. Dick o William Gibson si solo se centrasen en describir la tecnología de esos mundos echados a perder dejando de lado lo que las califica como punk? ¿Qué es el ciberpunk sin temática social? Sinceramente, nada. Y tal como va el steampunk... tiene toda la pinta de quedarse en nada.
Como dice cierta frase (no me hagáis mucho caso, pero creo que es de Shakespeare): «La vasija vacía es la que hace más ruido.» 
Que el engranaje no te impida ver la máquina.
A buen entendedor...

  • El steampunk tiene una familia muy grande, de la que le cuesta separarse.
A veces le cuesta, pero lo hace; a veces está hasta el moño de ellos; y a veces le causan vergüenza ajena. Y con la mayor parte de ellos ya no sabe qué hacer para que dejen de llamarle, aunque solo sea para preguntar qué tal va todo. A veces sin pretenderlo y otras por fastidiar, poco son cargantes y agobiantes
Su hermano de carácter más rudo es el dieselpunk. Cuando lo conoció, el lector lo confundió con un viejo conocido, el pulp; incluso le llamó noir sin querer... Pero no tardó en salir de su error, ya que dieselpunk y pulp no comparten un mismo apellido. El de steampunk y su hermano dieselpunk es Retrofuturismo.
En ocasiones han venido a casa engendros como el sandalpunk, stonepunk, el medievalpunk... y este último os aseguro que era feo de narices. El lector no sabía distinguir entre todos ellos y, como le gusta escribir de vez en cuando, ni siquiera sabía a quién tenía que dirigirse cuando abordaba una escena retrofuturista. En una ocasión incluso se vio ante un ataque de ansiedad cuando vio que un relato suyo empezaba en 1888 y terminaba en 1912. ¿Empezaba como steampunk y luego se convertía en edwardianpunk? Buscó información para evitar meterse en líos y descubrió que había gente que escupía a Las puertas de Anubis llamándole egyptianpunk. Acabó respirando dentro de una bolsa...
La cuestión es que la familia no era la más normal del mundo, pero él amaba tanto al steampunk, que estaba dispuesto a soportar a sus hermanos. Pero poco duró... Si ni siquiera el steampunk era capaz de aclararse diciéndole quiénes eran sus hermanos, quiénes eran sus medio hermanos, quiénes adoptados y quiénes bastardos... Finalmente, para no romper su relación, decidió llamarles a todos por su apellido: Retrofuturismo.
Se basen en la época que se basen, a todos les llamó Retrofuturismo; porque eso es lo que son todos. Aunque a algunos (como el engendro de la naturaleza que era el medievalpunk) jamás los aceptó en su casa. Algún día se darán cuenta por sí mismos de que ni siquiera existen.
A buen entendedor...

Espero que esta pequeña reflexión con tintes de humor sea sencilla de entender y no confunda los términos más de lo que la comunidad ya lo está haciendo en sus interminables discusiones sobre si algo es o no steampunk. O sobre qué retrofuturismo existe y cuál no (algo tan sencillo como que si hay obras que lo sustenten existe; y, sino, pues no).
Como conclusión, solo pretendo aclarar mi punto de vista sobre esos dos puntos:
1) El steampunk se está volviendo un absurdo, sin sentido ni profundidad ni utilidad. Decimos que puede ofrecer mucho más pero todavía estamos esperando a que lo demuestre. De nosotros depende. 
2) Si usamos tecnologías modernas y representamos mundos futuros en épocas pretéritas, lo que creamos es retrofuturismo. Ya basta de punks y de estúpidas divisiones geográficas y cronológicas. 
A buen entendedor...


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