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La literatura Steampunk: Una puerta para reinventarnos

Redactado por Paulina Lumpérica

Si el reconocimiento público de la literatura fantástica, ciencia ficción y la fantasía chilena se mantiene gracias a un pequeño grupo de escritores y lectores, en comparación a los seguidores de la literatura formal o extranjera, es mucho más escaso el material y encontrar seguidores de las ramificaciones de las mismas. El Steampunk es una de esas corrientes literarias, que a pesar de su reducida producción en nuestro país, es bastante diversa. La cual se mantiene ligada a referentes culturales nacionales en su mayoría, y respondiendo directamente a esta consigna tan propia del Steampunk : “¿Qué hubiese sucedido si…?”
En Chile el género nos abre las puertas a un universo amplio y multifacético, convirtiéndose en una fuente inagotable de imaginación y creatividad, transformando nuestro pasado y recreando el imaginario nacional chileno, a través de obras y autores tan interesantes como peculiares. En este sentido es imposible no mencionar a Sergio Meier, pionero de la literatura Steampunk en Chile, quién no solo escribió guiado por esta corriente, sino que intentó vestir y vivir la mayor parte del tiempo bajo una estética neovictoriano. Su obra, La segunda enciclopedia de Tlön (2007), es una mezcla de física cuántica, metafísica, retrofuturismo, persecución y esoterismo, siendo esta descripción bastante paupérrima para describirla. Un pequeño gran monstruo en forma de hojas que dio inicio a lo que sería la literatura del vapor en nuestro país, que repletó salas de presentación y marcó un precedente.
Pero desde este primer pilar Steampunk avanzamos al 2011, donde Alberto Rojas, con La sombra de fuegoFrancisco Ortega junto al ilustrador Nelson Daniel con 1899, cambian de dirección y enfocan esta literatura a la historia resonante, aquello estudiado y aprendido en las salas de clases, pero que se reescriben e inventan por sí mismas a través del Steampunk. Dos propuestas interesantes, donde una se convierte en referente del Steampunk chileno y la otra marca líder de ventas en el país. Otra obra enmarcada en el contexto cultural o geográfico son algunos cuentos de la antología de Cuentos Chilenos Steampunk (2014) de Fantasía Austral, que tuvo una buena recepción. 
De esta misma forma lo descubre Sascha Hannig, esta joven escritora que utilizando elementos relacionados a nuestra cultura nacional crea un mundo completamente nuevo y diverso. Que ha sabido llegar a su público específico haciéndolos parte no solo de la lectura sino de la producción de su libro. Primero con Misterios y Revelaciones de Allasneda (2011) y ahora Secretos perdidos en Allasneda (2014), Sascha promete continuación y evolución desde el Steampunk al Diselpunk. 




Decir que no existe producción de diferentes formas de literatura en Chile o lectores que la disfruten es una mentira. Es fácil, sin embargo, invisibilizarla debido a la renuencia academisista que existe respecto a estos géneros alternativos y que se separan de la narrativa chilena formal, a la falta de interés de grandes editoriales hacia estos géneros y que Chile no sea en su mayoría un país lector. A pesar de esto, como dijimos en un comienzo, la literatura Steampunk ha sabido abrirse paso no solo entre la escritura nacional fantástica, sino también entre los lectores más reacios. Y para comprobarlo tenemos también otros proyectos de publicación como el que lanza Ucronías Chile o el que actualmente trabaja Cetáceo Negro. De esta forma vemos que existe un futuro, aunque incierto, iluminado por la creatividad, que mantendrá de alguna u otra forma esta estética tan rica en nuestra escena ficcional chilena. 

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