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Circus, de Carmen Pombero y Jae Tanaka

Iba a escribir esta reseña hace unos días, en una entrada que se convirtió sin querer en un repaso por la literatura infantil y juvenil de corte steampunk que empieza a aflorar en España:
Pero como lo prometido es deuda, aquí van mis impresiones sobre Circus:

Lo primero que llama la atención de un libro, nos guste o no, suele ser su portada. Y la de Circus es una obra de arte y un fiel reflejo de lo que será su interior. Toda la edición, en su tamaño, en conjunto con las tapas del libro y las ilustraciones de Jae Tanaka me recuerdan a aquellas ediciones de color naranja que tanto leímos de críos los que ya tenemos cierta edad, en las colecciones de Alfaguara. ShotWords es un sello que no conocía hasta ahora, pero tengo que reconocer que con esta edición me ha dejado buen sabor de boca.


Volviendo a las ilustraciones interiores, que acompañan fielmente la historia, también me recuerdan por veces (sobre todo en aquellas con mayor carga steampunk) a un tan conocido como sencillo juego steampunk de 2009: Machinarium.

Como en Machinarium, las ilustraciones en blanco y negro de Circus presentan un mundo en dos dimensiones, como de juego de plataformas, en un ambiente decadente y altamente mecanizado. Estupendo reflejo de la herencia cyberpunk del steampunk.

Pero para ponernos en situación y entender a qué me refiero, es importante entender las circunstancias que rodean a al protagonista, Tomás, antes de verse envuelto en este mundo de fantasía steampunk y de ferias tenebrosas.

Tomás vive en una España empobrecida por las guerras carlistas y que comienza a ser testigo de los prodigios tecnológicos del siglo XX. Un día, cansado de la dura vida que le impone el padre Jeremías y los otros niños del internado, decide escapar y salir al encuentro de su padre. Éste le rechaza y Tomás deambula por la ciudad hasta que se topa con una extravagante feria. De todas las curiosas barracas, llama su atención una que muestra las maravillas de los autómatas: animales, aves, niños… Todos ellos mecánicos, capaces de hacer cosas increíbles como hablar, moverse y hasta predecir el futuro.
Cuando Tomás es invitado a entrar en la barraca por el enigmático Inventor, da comienzo una extraña e increíble aventura en la que nada es lo que parece. Un bosque de metal oxidado en el que una joven autómata vive encerrada; una ciudad sumergida que no es más que un reflejo acuático e inquietante; un faro custodiado por feroces máquinas perro o un dragón de metal que vigila una misteriosa caldera.
Tomás descubre la amistad y el amor de mano de los autómatas, pero si no es capaz de salir de allí antes del amanecer, acabará convertido en un ser mecánico sin corazón ni alma, pues el Inventor es, en realidad, un hombre diabólico al que tarde o temprano se habrá de enfrentar.

Ilustración original de Jae Tanaka
Al más puro estilo de los antiguos juegos de plataformas, no sé si con intención por parte de la autora,Circus hace avanzar a través de la feria y sus misterios y acertijos a Tomás, en un viaje iniciático que le ayudará madurar y ver el mundo desde una nueva perspectiva. El libro está destinado a niños en torno a los 12 años, niños que, como Tomás, están en una edad en la que ya no son niños pero en la que tampoco son mayores. Y eso se refleja en las aventuras de Tomás y en lo que aprende después de cada paso adelante.
En el camino irá conociendo varios personajes, cada cual más pintoresco que el anterior; ante todo, autómatas de todos los tipos.
Me gustaría contar más sobre la trama, pero creo que Jae Tanaka resume muy bien el elenco de la historia en una de sus páginas, en la ilustración que más me ha gustado, y que se puede ver a la derecha de estas líneas.

Para terminar, como siempre dice un amigo con respecto a la literatura juvenil. Es para mayores y también para niños. Aunque es una obra escrita especialmente para niños en torno a los 12 años, es una novela que se puede disfrutar por todo el mundo. Y si te gusta el steampunk, mucho más. Sobre todo para quien disfruta del steampunk más fantástico. Y ese steampunk al que por error se le suele llamar clockpunk, de autómatas y mecanización extrema, más cercano al mundo de las ferias de las tinieblas, de autómatas y de decadencia.
De toda la novela, sí me atrevo a reproducir un fragmento que acompaña a la ilustración que se ve más arriba, ya que resume muy bien esa estética:

«La criatura se echó hacia atrás la capucha. Tenía un casco de bronce de la que salía una chimenea diminuta. Un ojo era por entero un mecanismo de ruedas dentadas y arandelas, pero el otro era humano y delante tenía una lente tan grande como una lupa. Su rostro era el de una chica joven y aún resultaba hermoso.»

Para saber más, hay un trailer muy suculento en esta misma línea:


Muchas gracias a Carmen Pombero, Jae Tanaka y a ShotWord por el envío de un ejemplar de cortesía.

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