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Alambre de Letras, de VVAA

NeoNauta nos tiene acostumbrados a las grandes sorpresas desde que nació. En poco tiempo, con ideas olvidadas pero a la vez novedosas, ha sido capaz de hacerse su propia identidad.
Si no recuerdo mal, su lanzamiento vino de la mano de la apertura de la convocatoria de relatos Alambre de Letras. Todavía no sabíamos mucho sobre NeoNauta más que lo que nos contaban como planes de futuro y, sinceramente, muchos torcimos el gesto o respondimos con escepticismo a algunas de ellas.
Sin embargo, tras cuatro bolsilibros de cuatro temas diferentes (weird west, espada y brujería, espada y planeta y sherlockiano), el momento de Alambre de Letras ha llegado, homenajeando a 2014 como año de inicio de aquel conflicto salvaje.


Como seña de identidad de esta antología, estamos ante una recopilación que repasa la guerra a lo largo de un período más o menos largo de la historia. Alambre de Letras se abre con el primer relato publicado de Araceli Rodríguez, "La Mano Negra", como inicio perfecto para la obra. A partir de ahí, el orden sigue una cronología más o menos regular, hasta trascender a la propia guerra y llevarnos a la II Guerra Mundial y finalmente a un futuro remoto, siempre centrándose "más en los cómos que en los porqués", como decía el editor Esteban García en una entrevista hace unos días.
Aunque el porqué nunca se abandona ni la reflexión final en muchos de los relatos sobre lo que significó el conflicto y las huellas que dejó. En este sentido, me quedo con las ideas que transmiten tres relatos. "El hombre que vivió un instante de dos guerras", de Ricardo José Gómez Tovar, destaca por su originalidad a la hora de poner en paralelo las dos guerra mundiales; "La evaluación", de Serafín Gimeno, con un final perfecto para lo que es toda la obra; y "Puro Artificio", de Rafael González, con un final heredero de las narraciones más clásicas de Isaac Asimov.
Por otro lado, creo que merecen una mención especial otros tres relatos de lo más pulp. "Kindermord", de Candela Robles, y "Hombres vacíos", de Eduardo Vaquerizo, por la originalidad de sus propuestas; y "Misión Cumplida", de Armando Valdemar, en la línea en la que nos tienen acostumbrados sus textos.
En conjunto, sí veo que hay mucha más aviación que trinchera, barro y alambrada y mucha más tendencia a la fantasía que a la ciencia ficción o el terror. Eso sí, en la I Guerra Mundial, el gas da mucho juego... Sea el relato que sea, sin embargo, aparte de uno o dos más densos, es una antología que se deja leer rápido y que se deja disfrutar. Para leer en dos tardes.

Por supuesto, no puedo cerrar el texto sin dedicar un momento a la tan cuidadosa como arriesgada edición de esta obra: formato 17x24, el típico de los tebeos apaisados de mediados de siglo; cartoné amarillo; bordes redondeados; doble columna en cada página y, lo que más me sorprendió, el cosido de los librillos.
Aunando esto a la maquetación y a las magníficas ilustraciones en blanco y negro de Mikel Bao ya tenemos un objeto de coleccionista. Desde mi punto de vista, una obra de arte. Así que, en este sentido, como dice Armando Valdemar: misión cumplida.


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