viernes, 10 de octubre de 2014

Un poquito de por favor...

Hace ya un par de años escribí una entrada para este blog que se quedó hasta hoy en un cajón.
Por aquel entonces descarté publicar el texto porque, recapacitando, no me creí con el bagaje necesario como para hacerlo. Temía estar equivocado en alguna de mis ideas.
Sin embargo, ahora veo la necesidad de recuperar ese texto y creo que ya puedo abrir la bocaza para dar mi opinión. Quizá no sentar cátedra, pero sí dar mi opinión.

El motivo de recuperarlo ahora surge de la proliferación, cada vez más, de supuestos subgéneros de subgéneros de la literatura fantástica, siempre en el marco del todavía confuso mundo del steampunk.
Sea cual sea la opinión de cada uno al respecto, nadie me negará que la formación de nuevas palabras con la fórmula X + punk es demasiado tentadora como para dejarla de lado y desaprovechar la oportunidad de ser el nuevo Bruce Sterling, William Gibson o K.W. Jeter.
Steampunk, Dieselpunk, Clockpunk, Atompunk, Medievalpunk, Stonepunk, Manerpunk, Stitchpunk,  Greenpunk, Teslapunk... ¿dónde ponemos el límite?

Antes de seguir adelante con esto, para evitar que los ojos sangren y la caldera estalle, vamos a liberar un poco de presión abriendo una válvula vital que pocos parecen conocer.
El término en sí, steampunk, surgió de una coña. Sin más. De una coña creada por Jeter, autor de ciberpunk. Él fue el que inventó esto de subirse al carro de usar la fórmula X + punk a voluntad. Y aun así, no debemos obviar por qué lo hizo.
Por aquel entonces (1987, el año en el que nacimos el steampunk y yo xD), tanto él como algunos de sus colegas —incluyendo a Tim Powers—, habían escrito varias novelas derivadas de sus antecedentes ciberpunk; pero que no eran novelas ciberpunk.
He visto más de una vez que se califica a La máquina diferencial, de Gibson y Sterling, como "ciberpunk victoriano" y me parece bastante correcto para definirla. Pero estas obras anteriores, como Las puertas de Anubis, Homúnculo o Morlock Night... ¿cómo definirlas para que el editor que las recibe entienda de qué va la cosa? Son similares al ciberpunk, pero no son steampunk... así que a Jeter, que es muy coñero, se le ocurrió la idea de apoyarse en el ciberpunk para tratar de explicarse. Algo así como ciberpunk pero en el siglo XIX. Algo así como steam-punk.
El término resultó útil en aquel momento, surgiendo de la necesidad.

Así pues, apoyándonos en esta idea —y en el sentido común, no lo olvidemos—, ¿cómo surge una palabra nueva en nuestro idioma? Si a algo le llamamos "cosa", "aparato" o "cachivache" durante mucho tiempo, antes o después, alguien tiene que inventar una palabra para nominarlo. Es lo que se llama crear un "significante" para designar un "significado". Y en este caso, como en todo, hay que aplicar la misma idea, la idea que Jeter aplicó en su día. Se vio en la necesidad de poner un nombre a algo que ya existía; y se le ocurrió steampunk. (Desafortunada palabra, todo hay que decirlo. Estoy seguro de que, de haber sabido que se haría tan popular, se lo pensaría mejor).
En adelante, cada vez que se usa el sufijo -punk para crear una palabra nueva, se hace porque es necesario para calificar un subgénero que ya existe y que se está cultivando; o, más bien, así debería ser. Es absurdo crearlo para que la gente lo ponga en circulación o para calificar la obra que uno mismo ha creado. Eso, señores, queda feo. Y horrible cuando se justifica metiendo obras de otros autores en el mismo saco. Como mínimo, no les haría gracia.
Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, con el nacimiento y la estrepitosa caída del greenpunk. Un publicista muy listo llamado  Matt Stagg aplicó la fórmula X + punk de la siguiente manera: Sumó un futuro ecologista al carácter rebelde del punk y lo aderezó con retrofuturismo para que a los aficionados al steampunk le supiese rico. Y para darle fuerza al sabor, hasta escribió un manifiesto.
Lo más triste de esta historia es que el greenpunk es una buena idea, una muy buena idea, pero esa no es la forma de hacer las cosas. Pasados los años parece que cobra fuerza en ciertos sectores y se retoma correctamente la idea de este hombre. Pero si las cosas se hubiesen hecho bien desde un principio, ahora no habría tantos detractores echándolo atrás. Ojalá en el futuro renazca y cobre auge...

Para acabar, no daré una lista de los -punk válidos y los de pega. Que cada uno, con sentido común, piense por sí mismo y se haga lo suyo. Cuando te hablan de steampunk, ¿hay material que respalde su existencia? ¿Hay justificación para usar esa palabra?
¿Y con el dieselpunk? ¿O con el medievalpunk?
Si a mí se me por llamar celticpunk a mi novela fantástica ambientada en un castro gallego en la época prerromana, justificándola con obras como Astérix y Obélix o la serie Hispania, ¿tengo credibilidad?

Solo pido que, en el futuro, tengamos en cuenta que la fórmula a aplicar no es X + punk; sino "significado" => "significante".
Y todo esto aderezado con sentido común y un poquito de por favor...

Fuentes de información: la vida misma

1 comentario:

WilliamDarkgates dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, coincide con un articulo que escribí en mi blog hace poco.