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Retrofuturismos. Antología Steampunk, de VVAA

Echemos un ojo atrás, a los comienzos del steampunk en español. Lejos de lo que pueda parecer, El mapa el tiempo no fue la primera novela steampunk escrita en España. Tenemos que remontarnos a 2005 para encontrarla, cuando Eduardo Vaquerizo sacó a la luz su universo de tinieblas con la novela finalista al premio Minotauro, Danza de Tinieblas (Minotauro, 2005). A partir de ahí fueron surgiendo más novelas, despacio, y contadas con los dedos de la mano: Sergio Parra, el fallecido Sergio Meier, Rafael González, Víctor Conde...
Entretanto, como al steampunk el papel le sabe a poco, podríamos marcar 2009 como el año en el que su estética entró con más fuerza en España.

Sin embargo, tuvimos que esperar varios años, hasta la primavera de 2012, para ver la primera antología escrita en español. Con El mapa del cielo recién publicado en Plaza & Janés, Félix J. Palmase unió al sello Fábulas de Albión para sorprendernos poniendo Steampunk. Antología Retrofuturista; una antología que unió a un grupo de autores de renombre en el fantástico y les enseñó lo que es el steampunk.
Por aquel, como movimiento cultural, no solo literario, ya comenzábamos a ver señales de salud; con una escena sólida creciendo a nivel nacional.
En mi caso, tuve el privilegio de ver desde dentro cómo nacía  y crecía tanto aquí como en Sudamérica una cantera de autores que empezaba a prepararse para lo que habría de venir. Una cantera de autores que ya está en activo y que ya no se puede contar con los dedos de una mano.
Desde entonces, Saco de Huesos, Kelonia, Dlorean, Tyrannosaurus Books y otras editoriales fueron sacando a la luz sus aportaciones dentro del género: steamgoth, steampulp, steampunk patrio, steampunk multicultural... Es por ello que empezamos a oír, cada vez más veces, que el steampunk se ha hecho mayor. Queda camino por recorrer, al menos desde mi punto de vista, pero ya estamos en una situación mucho más cómoda (sobre todo como lectores) que la que teníamos hace unos años.

Muestra de esa madurez es el postfacio de esta segunda antología steampunk de Nevsky: Retrofuturismos. Antología Steapunk. Basta con tomar ambas antologías y comparar el texto que las abría, de Félix J. Palma, con el que las cierra, de Marian Womack. Entre ambos podemos ver un inicio, poniéndonos en situación, y un "cierre". Entrecomillamos cierre porque, lejos de ser el final, Womack aporta unas ideas de futuro que bien merece la pena tener en cuenta, no solo por parte de escritores y editores. Unas ideas con las que no puedo estar más de acuerdo y en las que, personalmente, pretendo implicarme en lo posible.

Entrando ya en el contenido de los relatos, como ya se puede imaginar, nos encontramos con narraciones más maduras y desarrolladas. Personalmente, traía la idea preconcebida de que vería más multiculturalidad y exotismo y algo más de -punk; pero no ha sido así. Me llamó la atención, sin embargo, el rango de tiempo que abarcan sus narraciones en conjunto: desde el 1773 de "Las manos que construyeron América", de mi paisano Ángel Luis Sucasas a dos manos con Francisco Miguel Espinosa, hasta el futuro de "El pastor", de Cristina Jurado; con los viajes en el tiempo de de por medio de Guillermo Zapata en "Gigantes".
La antología se abre, sin embargo, con una narración parte del universo de los mapas de Félix J. Palma, "La princesa del centro de la Tierra", explicando una aventura que nos queda en el tintero tras leer El mapa del tiempo. No hay problema en leerla independiente de la novela, por supuesto.
Le sigue uno de mis dos favoritos de la antología, la magnífica "La cicloteca de BubbleLon", de Sofía Rhei, cargada de amor a los libros y las palabras y con un aroma de nostalgia que me enamoró por completo (y, aunque sea una locura mía, con niños dignos de hacer amistad con el joven Moriarty).
Por otro lado, me sorprendieron y me gustaron bastante las historias de Luis Guallar y Alfredo Álamo. Pude leer a Luis (y conocerlo en persona) gracias a su relato "Viaje a California", incluido en Ácronos (T. Books, 2013) y este relato me parece muy en esa misma línea que tanto me gusta. Y Álamo, desde el título, "El óxido del sombrerero", deja claro a todos los aficionados a Lewis Carroll por dónde irán los tiros. Alicia y steampunk siempre es una maravillosa combinación.
Sin embargo, personalmente fue "Berlín Mechanical Men" el relato que me emocionó siendo capaz de llevarse a los que parecen los robots de US Robots al XIX en un claro homenaje steampunk al Buen Doctor, Isaac Asimov. Un punto para Noemí Sabugal por esta maravilla de idea.
En cuanto a Rafael Marín y Jesús Cañadas, en fin, no esperaba menos de ellos. Cañadas regresa a Casas Viejas durante la Guerra Civil para pegar "Tiros a la barriga" en un relato gaslamp, en la vertiente más fantástica y mágica del steampunk; y Marín hace una sencilla pero emocionante reseña de un viaje a América que bien podría ser el prólogo de una prometedora aventura, en "Carne contra metal".
Por otro lado, Sergio Lifante y Joseph Remesar se quedan en el terreno más cómodo a la hora de desarrollar sus historias, más cerca del cliché del steampunk, manejando temas conocidos y más cercanos al pulp, en "Los hijos de Saturno" y "Prey's Moon, respectivamente. El plus de "Los hijos de Saturno" es esa ambientación gótica y weird en plena Barcelona de finales del XIX de la que poco más puedo decir.

En conjunto, una vez más una recopilación steampunk demuestra que hay mucho terreno donde moverse: en la ciencia ficción más clásico, en el homenaje a los clásicos, en nuestra propia historia, en lo gótico, en lo pulp, en lo weird... y deja claro que nuestras letras se siguen inclinando hacia la evolución y hacia la faceta más distópica del steampunk; utilizándolo como crítica hacia nuestro propio sistema y nuestro tiempo desde un punto de vista diferente.

Nos queda ahora esperar para ver qué más nos tiene preparada esta editorial con la "mega antología" de 42 (el sentido de la vida, el universo y todo lo demás) autores; hasta enero de 2015.

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