lunes, 28 de octubre de 2013

Charlie Marlow y la Rata Gigante de Sumatra, de Alberto López Aroca

Conocí la obra de Alberto López Aroca a través de su obra “Sherlock Holmes y los zombis de Camford” (Dolmen, 2010). Y si algo destaca de su forma de narrar de es su gran afición y respeto al canon “sherlockiano”. Además, la sensación de estar leyendo una obra que bien podría haber sido escrita por el propio doctor Watson, algo que no me sucede a menudo al leer adaptaciones de la obra de Conan Doyle.
Una característica de la obra de López Aroca es que toda ella parte de obras clásicas famosas (o no tan famosas). En el caso de “Charlie Marlow y la Rata Gigante de Sumatra”, el hecho de que me decidiese a leerla parte de su mismo título. Indagando más sobra ella, confirmé que las dos partes que componen ese título parten precisamente de donde yo había imaginado. Charlie Marlow es el protagonista de “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad; y la rata gigante de Sumatra se menciona por primera y última vez en el canon “sherlockiano” en el relato “La aventura del vampiro de Sussex”. En este segundo caso, Sherlock Holmes recibe un encargo supuestamente sobrenatural y repasa casos anteriores. Sin comentar apenas nada, pero dejando un gran halo de misterio, Holmes menciona un barco, el Matilda Briggs, relacionado con un extraño monstruo, la rata gigante de Sumatra. «Un caso para el que», como él mismo dice, «el mundo no está preparado.»

Sin embargo, lo que Holmes no quiso contar  que siempre nos preguntamos es precisamente lo que captó la atención de López Aroca, haciéndole escribir esta novela.
En ella, se rememoran las aventuras de Charlie Marlow, al estilo de Conrad en “El corazón de las tinieblas”, esta vez en 1893 a bordo del volandero Friesland, en busca del desaparecido Matilda Briggs. Acompañado de un agente del Club Diógenes —que aquí es una organización secreta que trabaja para el gobierno británico—, Marlow viaja a una misteriosa isla del Índico, envuelta en niebla perpetua y con forma de cráneo humano. Por supuesto, no hace falta ser muy avispado para reconocer que la descripción de la isla traerá monstruos más que conocidos a la narración.
Sin contar mucho más de la historia en sí, que hay que pararse a saborear como un completísimo pulp de aventuras, lo que más llama mi atención —y que me sorprendió increíblemente— es la enorme cantidad de referencias a obras clásicas que Alberto logró juntar. Y no solo sobre las dos obras ya mencionadas, pues estas solo son el punto de partida. Así, no solo repasa gran cantidad de personajes y aventuras relacionadas con el propio Sherlock o con Charlie Marlow, sino que además cita de otras de sus obras, de obras de otros autores derivadas de las narraciones de Conan Doyle, de H. R. Haggard, de Philip J. Farmer, de E. A. Poe… incluso del cine o de los tebeos de Tintín creados por Hergé. Y todo esto bien conjugado, aparte de contadas referencias que puedan parecer forzadas —una o dos a lo sumo—, uniendo gran cantidad de universos a priori ajenos unos a otros, para formar un solo mundo.
La lectura de esta novela, aparte de la propia historia en sí, podría compararse a la resolución de un crucigrama. El lector debe ir conjugando en un mismo cuadro, a través de sus conocimientos previos, las referencias que el autor va estableciendo. Sin embargo, son tantas que he de confesar que de tantas referencias que había a obras de otros autores, algunas se me escaparon. Pero para ello, como cuando se consultan las soluciones de un crucigrama dando vuelta a la página, esta novela cuenta también con un socorrido glosario de más de treinta páginas para ponernos en situación. Glosario al que, al menos yo, he tenido que acudir en más de una ocasión… Y no creo que haya ningún lector que no tenga que hacerlo al menos una vez.

Quien disfrute de las novelas de aventuras como se escribían por aquel entonces, aderezada además con un gran sentido del humor, seguramente disfrutará de esta obra. Sin embargo, quien haya leído antes a Joseph Conrad y conozca bien la obra “sherlockiana” de Arthur Conan Doyle se lo pasará en grande. Para todos ellos, muy recomendable.

Como curiosidad añadida, “Charlie Marlow y la Rata Gigante de Sumatra” es una novela que Alberto López Aroca, como hace con otras de sus obras, sacó adelante a través de crowfunding. Esto hace que algunas de las páginas de la obra, tal como la contraportada, estén dedicadas a publicidad relacionada con la literatura o con la obra de Conan Doyle. Un detalle que, lejos de ser molesto, añade romanticismo al libro, asemejándolo todavía más a las antiguas obras decimonónicas.



2 comentarios:

Lady Ovejita dijo...

Todavía no he leído "Sherlock Holmes y los zombies de Canmford", pero esta reseña me ha hecho recordar que debo hacerlo. Seguramente seguiré con éste después.
Saludos.

Yosu Rc! dijo...

Milady, si le gusta la de Dolmen, le aseguro que esta le encantará.
Disfrútela ;)