lunes, 19 de agosto de 2013

El Anacronópete, de Enrique Gaspar

Hacía tiempo que tenía guardada una copia de "El Anacronópete" y confieso que hasta hace apenas un mes nunca había tenido tiempo de ponerme con ella. La había comenzado en una ocasión (no fue el momento propicio) y aunque me gustó el inicio, tuve que dejarla y recomenzarla en esta segunda ocasión.
Fue escrita originalmente en 1881 y editada en Barcelona en 1887 (HG Wells escribió su primera novela, “La máquina del tiempo” en 1895) y narra las aventuras de Sindulfo García, doctor en ciencias exactas, físicas y naturales de Zaragoza (podemos llamarle tranquilamente “mad doctor”), y de su invención para viajar por el tiempo y el espacio: El Anacronópete.
Destaca de esta obra el aire verniano de su narración, donde nada es dejado al azar. Gaspar procura que el viaje en el tiempo sea en todo momento verosímil y lógico, implicando al lector en su razonamiento. Por ejemplo, se preocupa por explicar el principio que permite al anacronópete (del griego: Aná, “hacia atrás”; cronos, “tiempo”; petes; “que vuela”) volar hacia atrás —o retrogradar— en el tiempo o el motivo por el que los pasajeros deben beber el “fluido García” antes de viajar.

La obra (que, al parecer, ha de catalogarse como zazuela) se inicia en la Exposición Universal de 1878 en París, contagiando el entusiasmo del ambiente y del progreso científico de la expo al lector. Las mayores y mejores avances de la época han sido reunidos en esa fecha y ese lugar, y Sindulfo García presenta su Anacronópete al público. Así, ya desde el capítulo primero, se muestra una narración entretenida, fresca y mordaz. Si el lector conoce de antemano los primeros trabajos de Julio Verne y gusta de su tendencia a dar pinceladas de humor y retranca en ciertos pasajes, disfrutará enormemente con la narración de Gaspar, mucho más avispada y socarrona en este sentido (especialmente en cuanto a Francia y los franceses, ahí queda eso…). Y mientras tanto, en este tono ameno y divertido, nos va avanzando en cuanto a la ciencia más moderna, con explicaciones sobre la obra del propio Verne (a la que se hace patente que Gaspar es gran aficionado), a los principios del vuelo de los aerostatos de los hermanos Montgolfier, la máquina de vapor de Stephenson, el Ictíneo de Monturiol, el Nautilus… sin que la narración se haga pesada en ningún momento.
No tardará, eso sí, en poner en marcha el invento para viajar a momentos históricos, y hasta bíblicos, del pasado; llegando a ir hasta el mismo momento de la Creación.

Desde luego, "El Anacronópete" es una joya dentro de la literatura nacional y un gran aporte a la escena internacional del momento, en el que las novelas de ficción visionarias (los romances científicos, los voyages extraordinaires…) estaban tan de moda. Quizá no se enseñe en los colegios ni se hable mucho de ella, pero creo que es una obra que todavía puede seguir gustando y que deberíamos recuperar ya que, gracias a su avanzada edad, resulta sencilla de conseguir y de leer gratuitamente. Por ejemplo, a través de la web de la Universidad de Alicante en el siguiente enlace:


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