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Memoria de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo

Eduardo Vaquerizo inició la serie “Crónica de Tinieblas” en 2005, con “Danza de Tinieblas”, en Minotauro (finalista, en su día, del Minotauro, y ganadora del Ignotus a mejor novela y del Xatafi-Cyerdark de la crítica).
En 2012, Sportula decidió continuar la serie y, además de recuperar aquella excelente novela, publicar la segunda parte de la serie: “Memoria de Tinieblas”.

Hay que tener en cuenta antes de continuar que cuando hablamos de la “serie” de novelas “Crónica de Tinieblas” no estamos hablando de una sola línea argumental o un grupo de personajes que se desarrollan a través de un grupo de novelas. Yendo más allá de eso, “Crónica de Tinieblas” son las crónicas de una era que nunca existió, de un tiempo que nunca será posible. Son novelas independientes unas de otras, con el punto en común de estar ambientadas en una misma línea temporal, en una misma ucronía.
Como se nos indicaba en “Danza de Tinieblas”, ese punto de inflexión se produjo cuando, en el siglo XVI, Felipe II sufrió un accidente de caza que lo llevó a la tumba sin dejar descendencia en el trono de España. A partir de ahí, “Danza de Tinieblas” se llevó su trama a un 1929 alternativo; y “Memoria de Tinieblas hizo lo propio entre Madrid, Alsacia y América entre los años 60 y 70.
Esa época puede traer, a los que la vivieron, recuerdos muy diferentes a los que nos presenta la novela. En este caso, estamos hablando de un tiempo muy diferente, como ya se encarga de explicar el editor, Rodolfo Martínez, en el prólogo: las naciones católicas siguen sumidas en decadencia, el catolicismo ya no controla España, los principados alemanes o América; y el Imperio Español sigue manteniendo su poder en todo el mundo, pero con una interminable guerra de desgaste contra el Imperio Otomano y un incipiente movimiento revolucionario en las Américas (en Nueva Borgoña).

Avanzando en la lectura de “Memoria de Tinieblas”, su atmósfera transmite la sensación de que el universo se ha ampliado notablemente. De nuevo recorremos territorio nacional en una magnífica ucronía muy bien trazada, con el atractivo de presentarnos la Nueva Borgoña americana (para mi gusto, uno de los escenarios más interesantes de la novela) y el frente de Alsacia.
La trama es mucho más compleja y elaborada que en “Danza de Tinieblas”, saltando en el espacio y el tiempo entre capítulos, y exige concentración por parte del lector para no perderse por el camino; pero donde todos los hilos se van uniendo en una misma madeja según se avanza (para ello personalmente recomiendo, antes de empezar la novela, consultar los mapas y los documentos de los apéndices anexos).
A destacar, por supuesto, lo bien pensada y cuidada que está la ucronía y todo su universo. Los datos ficticios, bien trazados entre los reales, pueden incluso confundirte y hacerte dudar de la Historia auténtica.
Tratándose de una ucronía, es bien sabido que cuanto más avanza uno en el tiempo, alejándose del punto de cambio, más difícil resulta mantener la ficción. Como un castillo de naipes, cada “piso” que se sube resulta más difícil mantener la historia. Pero en esta segunda parte, aunque haya sido mucho más ampliado y hayamos avanzado cuarenta años en el tiempo, podemos ver que el fascinante universo de “Danza de Tinieblas” sigue estando bien engrasado y funcionando a la perfección.
Sin temor a equivocarme, creo que esta es una de las mejores novelas que nos va a dar este año 2013 en cuanto a género fantástico. Por mi parte, creo que será digna (tal como lo hizo su predecesora) de hacerse un hueco en los Ignotus. Imprescindible para todo aquel a quien le gusten las ucronías.

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