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El monstruo en mí, de Nachob


Conocí los relatos de Nachob hace unos años a través de la web OcioJoven, ahora conocida como OcioZero. Y lo que escribía por aquel entonces me causaban la misma sensación que lo que sigue escribiendo ahora. Y no hablo de monotonía o de repetición, sino de saber mantener el listón.
Para entenderlo, Juan Ángel Laguna Edroso dice en el prólogo a “El monstruo en mí” (Saco de Huesos, 2012) que si le das a Nachob una chispa, te hace un incendio. Y esa es la característica que más me llama la atención y me atrae de sus trabajos: Nachob sabe crear relatos de lo más fascinantes partiendo de lo más irrisorio.
Es capaz de partir de una escena de lo más cotidiana y común y transformarla en un paisaje dantesco, en un planeta desolado, en una horrible cripta llena de monstruos… es capaz de narrar la oscuridad cotidiana con total naturalidad. Nachob logra captar las sombras que los demás solo ven por el rabillo del ojo y descubrir qué produce los rumores que en la noche atribuimos al viento; pero también es capaz de mostrarnos qué se puede esconder en aquello que no nos da miedo. Puede mostrarnos lo que no sabemos que hace el vecino cuando nadie lo ve, lo pensamientos inquietantes de esa persona con la que te cruzas cada mañana con un “buenos días” o qué es en realidad ese con el que te cruzas por la calle y del que no sabes nada. Como si levantase el velo del mundo para mostrarnos lo que siempre está escondido tras lo cotidiano.

En el caso de “El monstruo en mí”, Nachob nos muestra nueve momentos y nueve reflexiones con este estilo. El primero de los relatos, “De sueños y monstruos”, ya había sido incluido en la antología del I Certamen Monstruos de la Razón, en el que pude colar mi primer relato de terror (por cierto, una antología que al cogerla por segunda vez me ha sorprendido con la cantidad de buenos nombres del fantástico que recopila).
Pero no voy a reseñar los relatos uno por uno, sino en conjunto. Porque es en conjunto donde se extrae esa gran cantidad de sensaciones y sentimientos de la que hablo. A veces tierno, a veces desasosegante, claustrofóbico, inquietante, horrible… cada uno de ellos con su propio y particular fin de esos que te hace pararte a pensar. Y, al tiempo, todo el conjunto aprovechándose del final de “El hombre que soñaba con mariposas”, que cierra el libro con una idea y una sensación de esperanza en cuanto al futuro. Colocar esta novela corta al final ha sido todo un acierto en este sentido. Es la guinda perfecta para el pastel. Y, para quien sea escritor además de lector, dado su contenido, resultará mucho más apetitosa.
Como nota negativa, la corrección ortográfica del texto, que chirría en la mayoría de los textos. Y por veces también me resultó un tanto repetitivo el hecho de que, a pesar de la amplia variedad de temas que maneja Nachob, todos los trabajos de esta recopilación incluyan insectos viscosos y asquerosos de un modo u otro (aunque, dado el título, debí haberlo intuido).
Sin embargo, aunque es un libro fosco, un libro de bichos, de terror y horror; ante todo es un libro de sentimientos, de muchos sentimientos que van más allá de querer escandalizar, revolver entrañas o solo querer asustar. Por eso no quiero contar nada sobre el contenido de los relatos. Simplemente quiero plasmar, o tratar de explicar, lo que se siente al leer estos relatos (o, al menos, lo que yo siento cada vez que leo a Nachob).
Sin duda, una de mis mejores lecturas del año.

Se me olvidaba añadir el palmarés de la obra, digno de mención:
Finalista a Mejor Antología y a Mejor Relato (por "Casa Ocupada") en:
Ignotus 2012 y NOCTE 2012.
Ganador a Mejor Libro de Relatos en:
Premio Cultura Hache 2012




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