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Las Eternas, de Victoria Álvarez


Hoy voy a reseñar un libro al que le tengo ganas desde que me enteré de su existencia: Las Eternas segunda novela de la salmantina Victoria Álvarez, que debutó más que bien en Versátil con Hojas de dedalera.
De nuevo, Victoria regresa al siglo XIX pero esta vez para trasladarse de Londres a una oscura, invernal y gótica Venecia, lejos de la romántica ciudad de los canales de los cuentos, el cine y los turistas. Allí, nos presenta a los hermanos Corsini, herederos de la juguetería Ca’ Corsini, Mario y Andrea. Pero la atención se centra más en Mario, preocupado porque justo al otro lado del canal un padre y su hija, los Montalbano, acaban de abrir otra juguetería. Una mucho más avanzada que la suya y en la que los autómatas son de una antropormofización de lo más inquietante. A partir de ahí nos meteremos de cabeza en la relación que se crea entre ambas familias jugueteras: los Corsini y los Montalbano.
Dicho así, parece que podríamos cambiar los apellidos por Capuleto y Montesco, pero esta historia va más allá. Desde el prólogo, que comienza con un relato que parece no tener que ver con estas dos familias, nace como novela de misterio; pero no tardará en convertirse en historia romántica, de sentimientos, para tener tiempo incluso de pasearse por la calle del terror. Aunque, más que terrorífica, yo la calificaría de inquietante.
Como apasionado del siglo XIX, no puedo evitar la gran cantidad de citas y menciones que se hacen a la literatura decimonónica. No es imprescindible, desde luego, conocerlas para seguir el hilo de la narración. Sí resulta enriquecedor, sin embargo, haber leído antes el Frankestein de Mary Shelley porque Las Eternas avanza con el recuerdo de la lectura de esta historia siempre presente. Es recomendable conocer su mensaje para saborear y envolverse en profundidad, en toda su dimensión, en las reflexiones que en Las Eternas van cobrando forma poco a poco y creciendo hasta su mismo final.
Esta novela es, pues, un claro homenaje al Frankestein de Mary Shelley, pero también a toda la literatura gótica del XIX. Además, es todo un paseo por una Venecia a la que quizá no estamos tan acostumbrados, más gótica que romántica, y más bien invernal, fría y tenebrosa; que sirve de escenario perfecto para que los protagonistas jueguen con la vida y la muerte.
He de decir, eso sí, que hay un par de personajes que no terminan de gustarme del todo. Cada uno tiene su historia que contar, por supuesto, y no ponen zancadillas a la historia pero, personalmente, no acabaron de caerme especialmente bien.
En cuanto a su componente retrofuturista, del que no soy capaz de quedarme callado, es evidente que estamos ante una novela a la que podemos llamar Steampunk, que nos deja respirar un evidente aire Clockpunk.
En este sentido, su estética es muy bella, bien elaborada y muy cuidada, en la que toda la ficción se presenta de lo más verosímil, sin engranajes chirriantes. En cuanto a esto, es grato ver que no es un despliegue visual sin más sino que, por decirlo así, cuando hay un engranaje es porque es necesario para engranar con otro y no por simple decoración. Lo mismo es aplicable incluso a la portada. Todo lo que en ella se ve cobra sentido a lo largo de la narración, haciéndose hasta necesario acudir a ella de vez en cuando para ir conociendo mejor a su protagonista: Silvana. Un personaje que, por cierto, es sublime. Sin temor a equivocarme, lo mejor de la historia.
Y, por supuesto, es grato ver que la lista de novelas afines al Steampunk escritas en español sigue creciendo con títulos muy recomendables. Esta, desde luego, es más que recomendable.
Si quieres saber más sobre la novela:
Y si no lo has leído ya, lánzate a por el principio en:

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