jueves, 11 de octubre de 2012

Día 1. Ejercicio 1


La catedral del mar

Al fin la hemos hallado. Tras años de búsqueda, tras tantas inmersiones sin éxito, al fin puedo decir que la contemplamos en todo su esplendor.

Sumergida bajo el mar, semeja una catedral, tan hermosa como debió serlo cuando dominaba el mundo. Podemos admirar sus torres, las mismas con las que le rascaba la barriga al cielo para que le ronronease que ella era su ama, iluminadas por los focos de nuestros sumergibles.
Descendemos a ras de suelo para pasearnos por sus calles, como lo hacían los antiguos. 
Es entonces, al ver el cartel, cuando un escalofrío recorre mi espalda.
Bienvenidos a Nueva York.

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