domingo, 5 de agosto de 2012

Rebecca, de Daphne du Maurier


Si conoces la historia de Rebecca, lo más probable es que no sea por la obra de Daphne du Maurier (de 1938), sino por la adaptación cinematográfica de Alfred Hitchcock (de 1940). Y es que el bueno de Alfred llevó a la gran pantalla más de una historia escrita por Daphne. Los pájaros, basado en un relato, y La posada Jamaica son otras películas de Alfred basadas en trabajos de Daphne.

En mi caso, conocí la obra de Daphne du Maurier a través de una de sus novelas fantásticas menos conocida, titulada Perdido en el tiempo. Investigando a partir de ahí, establecí la conexión Hitchcock–Du Maurier y me dije que algún día tenía que leer Rebecca.  Bien, pues ese momento ha llegado...

Rebecca es una novela sencilla de leer, con una prosa que fluye cómodamente en un relato en primera persona hecho por la joven e inocente señorita Danvers (de la que, si no me equivoco, en ningún momento se dice su nombre).
Danvers comienza la narración con la ya famosa frase “anoche soñé que volvía a Manderley” y nos cuenta un sueño en el que recordó cierta misteriosa mansión llena de misterios en la que vivió hasta que un incendio la redujo a cenizas. Una poderosa escena inicial que Hitchcock supo retratar magistralmente al inicio de su adaptación y que nos arrastra a la historia desde un primer momento.
Comienza entonces la narración de los sucesos que la llevaron a aquella mansión. La señorita Danvers trabaja para la señora Van Hopper, una arisca y desagradable señora rica, como acompañante durante sus vacaciones en Montecarlo. Su trabajo no consiste más que en eso, hacer compañía a la vieja.
A través de ella conoce al señor Maximilliam (Maxim) de Winter, un hombre viudo bastante mayor que ella con el que puede pasar bastante tiempo a solas gracias a que la señora Van Hopper se pone repentinamente enferma, lo que le impide salir de su habitación durante unos días.
Ese tiempo basta para enamorar a la señorita Danvers del señor de Winter y para que este le proponga casarse inmediatamente para regresar a su hogar, Manderley, con una nueva señora de Winter.

Ya en Manderley la historia nos absorbe de lleno en los misterios que rodean la casa, el servicio y la extraña muerte de la anterior señora de Winter: Rebecca.
De Winter estaba locamente enamorado de ella, el servicio le tenía devoción, todos los amigos de Manderley hablan de ella y, al tiempo, nadie comparte nada sobre Rebecca con la nueva señora de Winter. Nada más allá de comparaciones sobre lo diferentes que parecen ambas y lo superior que era aquella señora de Winter de esta.
Danvers se va dando cuenta poco a poco de que Max de Winter le está ocultando cosas, que el hecho de que ella sea el polo opuesto a lo que era su anterior esposa no es casual y de que algo misterioso rodea no solo las paredes de Manderley sino también la extraña muerte de Rebecca.

La historia lleva entonces tanto a Danvers como al lector a un inevitable, espeluznante y sorprendente final; desvelando por fin todos los secretos que rodean la casa, sus gentes y la muerte de Rebecca.
Y, finalmente, como ella misma nos dijo al principio de la narración, llevando a un desastre que reducirá a Manderley a cenizas.

Daphne du Maurier tiene un modo de narrar bastante cercano y fácil de llevar. Y traza aquí un interesante historia de intriga y suspense con algunos diálogos bastante inteligentes.
Y, aunque ya hallamos descubierto sus misterios por medio de Alfred Hitchcock, merece la pena volver a hacerlo, esta vez a través de la lectura, desde su formato original.

No hay comentarios: