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La música que hace bailar a la pluma


Esta semana terminé al fin un relato que había logrado escribir sin grandes complicaciones… hasta toparme de narices con la escena final. Esta estuvo parada durante un par de semanas por causas ajenas a mi voluntad y, una vez me puse con ella, tuve que borrarla una o dos veces; pasando otra semana en blanco.
Ya estaba empezando a pensar que no iba a lograr terminarla y que todo el esfuerzo del relato se me iba a ir por la borda. Sin embargo, dar con el momento ideal para escribirla me ayudó a terminar esa escena de un tirón. Digna del resto de la historia que había escrito.
Pero ¿qué fue lo que desatascó la idea? La música.


A veces, dar con el tema adecuado para lo que se pretende escribir es vital para darle ritmo a la escritura y lograr terminar lo que lleva tiempo atascado o para atacar con ganas a un relato que no damos empezado.
En mi caso, siempre es necesario escribir con música. Es una costumbre adquirida de mis tiempos de estudiante, cuando me concentraba mejor con música de fondo.
Las canciones, con voz, nunca me vinieron bien siendo en español o gallego, porque era como si alguien me estuviese hablando por detrás, lo cual me desconcentraba. Y, desde hace unos años, también me pasa con el inglés. Lo cual, por otro lado, es buena señal. Pero nada bueno para escribir.
Claro que, a veces, la narración te pide canciones concretas. Pero desde que escribo ficción, casi siempre he necesitado de fondo una banda sonora evocadora, en consonancia con lo que voy a escribir.
En el caso del relato que comenté al principio, casi todo él fue escrito con música de los años 40 o 50, por exigencias de guion, y con The Wanderer, de Johnny Cash y U2 (ya que la narración partió directamente de una idea evocada por este tema).
Pero la escena final no cuajó hasta que, por casualidad, la mezclé con Once upon a time in the West, famosa banda sonora de Ennio Morricone.

Y más o menos lo mismo me sucedió con la última novela que escribí, Ecos de voces lejanas, primera novela a la que le permito ir en busca de editorial (en ello está ahora…)
Por su temática Steampunk, la escribí casi toda con los álbumes Dramatis Personae y Behold the machine, de The Clockwork Dolls y Vernian Process respectivamente; y con la sinfonía Patética de Chaicovsky.
Pero la escena final, el último capítulo, fue escrito totalmente de una pieza con un solo tema dando vueltas una y otra vez, una y otra vez, hasta que la terminé: Time, de Hans Zimmer, de la banda sonora de Inception.
Y es que casi siempre lo que escribo acaba cruzándose de un modo u otro con algún trabajo de Zimmer. Y solo así salen adelante.

Y a tu pluma, ¿qué música la hace bailar?

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