viernes, 8 de junio de 2012

Adiós y gracias, maestro


Supongo que estos días a muchos se les habrá venido a la mente la misma idea que a mí: escribir un relato (o un micro) en recuerdo del maestro Ray Bradbury, que dejó de escribir ayer a la edad de 91 años en Los Ángeles.
Sin embargo, tratando de elucubrar alguna ficción digna, no se me viene nada a la mente. Por eso me pongo ahora frente a la pantalla con otra intención. Voy a escribir algo para el maestro, pero no de ficción.

Precisamente ahora estoy leyendo una de sus recopilaciones de relatos: Las doradas manzanas del sol. Y precisamente hace ahora más o menos una semana, yendo por la calle mientras hablábamos de literatura, surgió en la conversación la obra de Ray Bradbury. Mi hermano me preguntaba que si esta obra que le había gustado era de él o de aquel otro, que si Bradbury fue el que escribió esto o fue aquel otro… ese tipo de cosas. Hablamos de Crónicas Marcianas y de El sonido del trueno. Me preguntó entonces si había muerto y le dije que no. Pero debe de ser un viejo, me dijo él. Sí, tiene más de 90 años, le dije yo, pero sigue escribiendo. Bradbury escribirá hasta que se muera, le dije sonriendo.
Y el miércoles, de sorpresa, pasó lo que pasó. El maestro dejó de escribir.

Pero, ¿a qué viene este sentimiento con Bradbury? ¿Qué tiene de especial?
Bien. Pues, déjame volver a mis 15 o 16. Yo acababa de releer La guerra de los mundos, de HG Wells, esa novela que me había apasionado tanto como horrorizado cuando era crío y acababa de leer Yo, robot, de Isaac Asimov. La mortal conjunción Wells-Asimov empezó a hacer de las suyas y mi interés por la ciencia ficción comenzó a crecer. La robótica me apasionaba desde que había leído la recopilación de relatos del Buen Doctor y ya estaba elucubrando un relato que acabaría por ser novela; llevado tanto por las ideas de robots de uno, como por las ideas de invasión del otro. Pero mi voz todavía no estaba formada. Me faltaba un pequeño toque que, una vez dejé de lado la robótica o las invasiones, sigue ahí...
Entonces fue cuando apareció en las librerías una colección de novelas de ciencia ficción clásicas editada por Planeta de Agostini. Y dos o tres llamaron mi atención, así que esperé con paciencia a que les tocase el turno para poder adquirirlas. Una era El juego de Ender, de Orson Scott Card. Y la otra era Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury. No me preguntes por qué quise comprar estas dos, porque ya no lo recuerdo. Supongo que alguien las reseñó, recomendó o citó e alguna parte, pero no sé por qué en aquel momento llamaron mi atención.
El caso es que son dos libros que guardó con cariño. El juego de Ender lo leí dos veces, pero Crónicas Marcianas… ya no recuerdo cuántas veces lo leí. Sobre todo el relato Vendrán lluvias suaves. No recuerdo un relato que me haya hecho sentir tanto como este.
Y así, entre Wells, Asimov y Bradbury, empecé a escribir.
De Asimov ya me he ido alejando poco a poco, haciéndome mi propio camino; y de Wells, otro tanto de lo mismo (aunque el Steampunk me haya acercado a él de nuevo); pero Bradbury sigue ahí. Esa voz, ese modo de narrar y ese modo de transmitir emociones —salvando las distancias— es lo que acaba surgiendo en buena parte de lo que escribo.
De todos los escritores que me han influido a lo largo de estos años de escritura, puedo decir que esta tríada es la fundamental y que, de ellos, Bradbury es y siempre será el que más hondo me ha llegado.
Así pues, ahora que has dejado de escribir…

Adiós y gracias, maestro.
Muchas gracias.

3 comentarios:

Aura dijo...

También me pasó. Días antes, desde el domingo, traía en la cabeza a Bradbury... y días después su adiós.

Queda para siempre en nosotros y los que vienen.

Vine a dar a tu blog de una manera "extraña" jajaja, como suele pasar en las madrugadas.

:) Gracias

Aura dijo...

Ah sí! pequeño "regalo"

Animación rusa de “Vendrán lluvias suaves”

http://www.youtube.com/watch?v=i_DDpBqw0ko&feature=player_embedded

sólo para recordar con más fuerza y otros ojos.

Yosu Rc! dijo...

Aura, quizá no sea casualidad. Quizá sea que es de esa gente en la que se piensa habitualmente, y por eso nos pasa algo así.

Gracias por el regalito. Y, espero que te quedes por aquí habitualmente. Un saludo! ;)