jueves, 3 de mayo de 2012

Novatadas


Hay una cuestión que me ronda por la mente casi desde que empecé a hacer públicas las cosas que escribo: esa interna y peligrosa sensación que tiene un escritor de que lo que hace tiene una alta calidad literaria.
Gracias a las herramientas que ofrecen Internet (blogs, foros, redes sociales…) y sus webs de autopublicación de libros, muchas personas que no se decantan —o son rechazadas— por editoriales tienen la oportunidad de sacar a las grandes masas sus trabajos, ya sea ofrecidas gratuitamente o bajo un precio.
La pregunta que surge es la siguiente: cuando no hay un “filtro” más allá de mi propio criterio a la hora de publicar mi obra, ¿cómo sé si realmente es un buen trabajo?
En adelante, escribiré en primera persona para no hacer pensar que esto va por alguien en particular. Simplemente, es una reflexión hecha para todo aquel que quiera leerla; por supuesto, sin referirme ni pensar en nadie en particular. Es algo que he pensado estos días y que, a raíz de unartículo que leí esta semana, se me ocurre tratar en este blog.

El domingo me trasladé a Compostela para escuchar un par de presentaciones literarias y una muy interesante charla/coloquio entre escritores/lectores de fantasía en gallego en el marco de la Feria do Libro de Santiago y llevada a cabo por los chicos de Urco Editora y Contos Estraños.
En ella, un autor decía básicamente que es muy difícil publicar en este país por la falta de apoyo de las editoriales a trabajos que realmente merecen la pena y se quejaba de que había tenido que salir a Francia para ver reconocido el mérito de su trabajo. Y razón que tenía el rapaz…
Pero en aquel momento, no pude evitar pensar para mis adentros: ¿y cómo podemos saber, cuando un autor se queja de esto, si tiene razón o no? Por ejemplo, si monto un negocio y lo gestiono mal, le echo la culpa a la crisis y la gente me compadece. Pero, ¿y si mi negocio hubiese funcionado igual de mal en tiempo de bonanza? ¿Y si soy yo el que no sabe gestionar un negocio?
Trasladado al campo literario, hay miles de autores que se quejan de lo mismo, pero ¿cuáles y cuántos estarán en lo cierto? No puedo evitar pensar que de esos miles solo unos puñados tendrán razón en sus quejas.
Pero, como decía antes, autopublicar es hoy muy fácil. Incluso publicar con editoriales que, a priori, parecen respetables pero que me publican diciéndome que soy de lo mejor aunque mi novela sea una auténtica bazofia, en una asociación arriesgada y peligrosa para mí pero siempre beneficiosa para ellos (lo que ya sería otro tema a tratar…). En estas situaciones, puedo publicar algo que para mí es de lo mejor (lógicamente) vendiéndolo como la novela del año y como merecedora de todo premio, pero ¿realmente lo es?
Ojo, con esto no quiero decir que la gente mienta o trate de engañar con tal de promocionarse o vender, no. A lo que me refiero es a lo peligroso que puede ser para el novato la subjetividad a la hora de ver su trabajo.
Lógicamente, la novela que escribo me encanta, me lo paso bien haciéndola y le tengo un especial cariño. Pero, ¿de verdad merece la pena para el público? Muchos autores consagrados dicen que, repasando sus primeras novelas publicadas, sienten cierto sentimiento de “¿cómo es posible que yo haya escrito algo tan malo?”
Entonces, ¿cómo puede el novato evitar este mal? Aparte de dejar leer su novela a otros antes de publicarla (otros que hagan una crítica sincera, sin miedo a ayudarte a corregir tus errores, claro está).

En el poco tiempo que llevo como escritor, aunque no soy muy bueno ni muy prolífico ni muy experimentado, he aprendido un par de cosas.
La primera es que cuando se acaba un trabajo es bueno alejarse de él un tiempo. Que la euforia de haberlo escrito y terminado se pase antes de ponerse a corregirlo. Y, una vez terminado el proyecto, dejarlo descansar un tiempo para que podamos tomar el trabajo de un modo más objetivo.
Eso que dicen los escritores expertos, ya me pasa a mí con mi primera novela, escrita en 2007. Y no soy ningún experto en la materia…
Y otra cuestión importante es cambiar el modo en el que se mira uno a sí mismo. No me refiero a sentirse derrotado o desmerecedor de ser publicado; por supuesto que no. Pero sí mirarse a uno mismo con humildad, pensando que nadie nace aprendido. Y que no tienes por qué ser el mejor escritor de tu vida por haber logrado acabar una novela.
Acepta las críticas constructivas, trata de encajarlas y aprende de ellas. Escúchalas y agradécelas. Y piensa que ni el más experto ni el más prolífico de los escritores está exento de mejorar cada día.

1 comentario:

Castillos en el Aire dijo...

Como siempre, una entrada de lo más acertada, cuántos deberíamos aprender esto antes de aventurarnos a creernos escritores.

Felicidades Josué, creo que tú ya has dado un enorme paso adelante.