miércoles, 5 de octubre de 2011

Tres maneras de volcar un barco, de Chris Stewart

Hace ya unos meses que comencé a partirme de risa con las novelas autobiográficas de Chris Stewart. De hecho, ya escribí aquí sobre dos de ellas: Entre limones y El loro en el limonero; donde cuenta sus experiencias al gastarse todo su dinero en comprar un cortijo en Granada para cambiar de aires así porque sí, de un día para otro.
Al parecer, hay un tercer volumen de esta serie titulado El club de admiradores de los almendros en flor que, aunque no he leído, ya está en mi punto de mira.

Pero, mientras no me hago con él, por mis manos acaba de pasar Tres maneras de volcar un barco. En este, también novela autobiográfica, Stewart regresa a los recuerdos de años atrás para contarnos una experiencia que se le había quedado en el tintero: patronear un barco de recreo; sin experiencia y apenas conocimientos sacados de un par de libros de teoría.
Pero, como siempre, con muchas ganas, ingenio y sin dejarse vencer por ningún inconveniente parte de Inglaterra en dirección a Grecia en su primer viaje; y recorre el Atlántico Norte por la ruta antaño seguida por Leif Ericsson, en su segundo viaje.

Siguen llamando la atención de este escritor su facilidad de palabra, su modo cotidiano y sencillo de narrar y su facilidad para hacer reír con sus curiosas anécdotas, contando las cosas tal y como fueron, sin cortarse para nada con sus tonterías.
Y, por eso mismo, Tres maneras de volcar un barco es el título excelente para este libro. Porque nos muestra dos viajes en alta mar y un amago de paseo por el puerto que antes o después acaban con el barco volcado por el curioso modo de pilotar de Stewart; aunque también debería añadir, como subtítulo, …y de prenderle fuego.
Tal y como dije con sus anteriores trabajos, muy recomendable para pasar un buen rato de lectura.

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