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La Biblioteca Encantada

12:46

Voy a aprovechar esta entrada con un doble propósito. Primero, para hablar un poco sobre la primera temporada de La Biblioteca Encantada, un programa de radio “para escritores incansables y lectores empedernidos”.
Se trata de una de las apuestas literarias de Radio 21 para este verano, que concluyó sus once programas con un enorme éxito, al menos, en cuanto a lo que Internet se refiere; tratando el programa de radio como un diferido podcast.
Bien y, ¿qué tuvo de especial La Biblioteca Encantada? En primer lugar, el simple hecho de formar parte de la saga Castillos en el Aire. Ocupando el hueco que en verano dejaron Castillos en el Aire y Menudo Castillo, junto a Colorín, Colorado.
Y, en segundo lugar, el excelente formato que se le dio al programa. Está excelentemente cargado de contenidos, pero sin ser recargado; sin aportar excesiva información, siendo así un ideal podcast para días de verano. Cada día, se nos invitaba a decir mellon (“amigo”) para poder entrar en la La Biblioteca Encantada y, a la entrada, se nos recibía con los primeros párrafos de excelentes lecturas. Algunas ya conocidas, otras por conocer. Todas excelentes. Y después, tras la reseña de la novedad invitada a entrar a la biblioteca, se entrevistaba a los autores brevemente. Y, entre unos contenidos y otros, como si de cortes publicitarios se tratase, se iba aderezando todo con poemas cuidadosamente escogidos y ambientados. Muy bien ambientados, por cierto, por las bandas sonoras con las que Javier Fernández, presentador y director, sabe acertadamente escoger para cada ocasión.
Si no has tenido oportunidad de escuchar todavía la primera temporada, no pierdes nada por descargarla. Y, si lo escuchas, seguro que te quedarás como algunos escritores y lectores que, expectantes, esperamos la confirmación de que el programa renueva con una segunda temporada, acompañando a Castillos en el Aire en las ondas.

Decía que esta entrada tiene un doble propósito porque, mientras escuchaba el último programa, la expresión “La Biblioteca Encantada” me pareció perfecta para expresar lo que se habló en un determinado momento. No fue mucho tiempo, ya que las entrevistas abarcan muchos temas, pero me dejó pensando en ello.
Comentaban Javier Fernández y Rocío Ordóñez, autora de Días de Hielo y Fuego, con LápizCero Ediciones, que hay en la vida de todo lector ciertos libros que lo marcan a uno por dentro; como si te leyesen o te hiciesen un trazo a ti mismo, en el interior. Mencionaba Rocío Ordóñez que, en su caso, le pasaba con Seda y el modo de narrar de Alessandro Baricco. No recuerdo dónde acabaron ellos y empecé yo a pensar pero, curiosamente, los libros que tenemos al alcance, que un allegado nos dejó o que nosotros compramos, no suelen ser los que producen ese sentir. A todo el mundo le ha pasado que, un día, de repente, se topa en un rastro, en una librería, en una tienda de libros antiguos de esas que huelen a libro más viejo que el dueño de la tienda, con un libro que no conoce de nada y de un autor del que nada oyó jamás y siente el impulso inexplicable de hacerse con él. Lo compras, lo llevas a casa y te llevas una grata sorpresa; con un libro que resulta ser buenísimo.

Pero a lo que me refiero es a algo más. A esos libros que recuerdas haber leído una sola vez, que te vienen a la mente frecuentemente, que te dejaron un capítulo, un párrafo, una frase, un sentimiento… grabado en tu interior. A esos libros que no eres capaz de recordar dónde los leíste, de dónde los sacaste, quién te los prestó, quién te los robó; como si hubiesen salido de una biblioteca encantada. Esos libros de los que no recuerdas de dónde salieron ni a dónde fueron; como si su única misión en la vida hubiese sido llegar de viejos a ti, ser leídos por ti, marcarte y, una vez cumplida su misión, desaparecer para siempre.
Y, si recuerdas de dónde salieron, ¿no es cierto que siempre hay algo de misterio en ello? En el fondo de un baúl en el desván, en la cuadra de las vacas entre papelazos viejos que la abuela quería quemar, mal puestos y olvidados en la estantería de un anticuario, en el fondo de un cajón que nunca se abrió…
Seguro que sabes de lo que hablo. Todo eso es lo que logro evocar La Biblioteca Encantada.

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