martes, 2 de agosto de 2011

Bon appétit, de David Pinillos

No acostumbro a escribir entradas sobre películas, ya que no se me dan tan bien para hacer críticas como los libros.
Y mucho menos, películas que nada tienen que ver con ciencia ficción o fantasía. De hecho, creo que todavía no había reseñado ninguna película que estuviese totalmente off-topic.
Sin embargo, no puedo evitar dejar constancia de esta joyita que estaba ahí apartada, desde el año pasado, y que nunca se había cruzado en mi camino. Se trata de Bon appétit, de David Pinillos.
Antes de verla, me echaba un poco para atrás el hecho de que pudiese tratarse de la típica peliculilla de ver, reír y levantarse y a otra cosa. Pero escuché en la radio una crítica sobre ella diciendo que era tan buena, y tan diferente, y tan premiada…, y acompañada de fragmentos de diálogo que me llamaban tanto la atención que decidí que esa película me iba a gustar cuando la viese.
Así que, ahora, en lugar de gustarme; puedo decir que me tiene totalmente pillado. No tanto por la historia en sí, sino por los diálogos —entre Unax Ugalde y Nora Tschirner—, lo que no se dice, el mensaje que transmite y, por supuesto, las ciudades que recorre, la banda sonora que la adereza y esa genial receta de emergencia de espaguetis.

Bon appétit se basa en la nueva vida de un cocinero vasco, Daniel (Unax Ugalde), desde que entra a trabajar en un restaurante de lujo en Zurich (Suiza). Allí, hace amistad muy pronto con sus compañeros de trabajo, y la vida empieza a avanzar por un camino que Daniel no había trazado.
No quiero contar más. Solo diré que Bon appétit se sigue saboreando incluso después de que se termina, como los buenos vinos, con un mensaje muy claro y, al tiempo profundo: la vida da muchas vueltas y no siempre va por donde la hemos trazado. Pero, si esos nuevos caminos nos hacen sentir bien, ¿por qué no cogerlos, aunque no sean los que nosotros nos habíamos trazado? Es una historia de personajes, de personajes que parecen estar donde quieren estar, pero que tendrán que buscar su camino y su sitio en la vida aunque no sean lo que hubiesen imaginado. Porque hay trenes que solo pasan una vez en la vida y, si no los coges, los pierdes para siempre…

Pero, aparte de la historia, hay algo más, muy especial, siempre presenta a lo largo de la narración.
Primero, las localizaciones. No es una película ambientada en los lugares de siempre. New York, Madrid, Roma, Venecia, el topicazo de París… Cualquiera de estas ciudades, aunque geniales, habrían estropeado este menú.
En lugar de eso, la historia se desarrolla entre Zurich (Suiza), Munich (Alemania) y, por supuesto, Bilbao (España).
Y, segundo, la música. La música acompaña a los personajes y se adapta perfectamente a los sentimientos que pretende transmitir, como el clima lo hace en las tres ciudades antes mencionadas.
Se pueden escuchar las canciones incluidas en el Spotify de la película, pero a destacar son los temas a los que se da más protagonismo: los temas de Sigur Ros, una banda islandesa a la que tengo que conocer mejor a partir de ahora; y alucinante y genial tema Strange things will happen, de The Radio Dep.








Me parece una excelente recomendación para el verano.
Si te gusta, me parece genial.
Y si no, pues, Bon appétit.

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