jueves, 30 de junio de 2011

Las alas de Leonardo, por Fernando Morillo

Anteayer me llegó a casa un lote de cuatro libros por cortesía de Castillos en el Aire: una recopilación de microrrelatos, un libro de timunmas con una pinta genial y dos novelas juveniles.
Después de “presentarnos” debidamente y de echar un ojo a cada uno de ellos, decidí comenzar por leer los dos juveniles. Son, más o menos, para chavales de unos doce años, y resultan fáciles y entretenidos de leer para pasar un rato agradable. Y, de ambos, por conversaciones anteriores con Javi, decidí comenzar por echarme a volar con Las alas de Leonardo, escrito por Fernando Morillo en la colección alandar de la editorial Edelvives.
Antes de nada, decir que este libro fue finalista del Premio Euskadi de Literatura Infantil y Juvenil 2009, que Morillo ya había ganado en 2003 con otra novela.

Las alas de Leonardo cuenta una aventura vivida por Haritz, un joven vasco en Florencia (Italia), donde va de vacaciones a casa de su tío Carlos y desconectar de los problemas familiares que vive con sus padres en su casa. A Haritz le encanta Florencia por ser tierra de genios, artistas y grandes pensadores; y por ser cuna de Leonardo da Vinci. A través de sus ojos, podemos aprender muchas cosas sobre historia, arte, filosofía y ciencia. Además, el libro incluye un glosario final añadido por la editorial para reseñar quién es cada uno de las muchas, muchas, personalidades que se nos van presentando a lo largo de la historia. La verdad es que, a través del libro, a veces hay muchos nombres metidos con calzador o que provocan situaciones forzadas para incluirse en el libro. Una licencia que se le debe permitir al libro para potenciar su didactismo.
En cuanto a la historia en sí, lo que serán unas vacaciones normales se tornan pronto en la búsqueda de un tesoro a partir de un manuscrito del siglo XVI escrito por el propio Leonardo. Todo comenzará cuando Haritz descubre que su tío Carlos ha desaparecido y que hay dos matones en su casa revolviéndolo todo en busca del preciado manuscrito.
Hecho en falta que el libro durase un rato más y que los personajes estuviesen un poco más desarrollados. Todos caen muy bien desde un principio, pero me resultaron bastante sencillos.
A destacar, ante todo, la inclusión de Oier, el mejor amigo de Haritz. A pesar de que solo aparece un par de veces en toda la historia (y a través de Skype), terminará por ser el personaje más importante de la trama. Solo aparecerá en persona en el último capítulo para cerrar de forma magistral la historia. Un final digno de mención y con mayor carga de emoción y sentimientos que todo el resto del libro entero, de verdad. Lo dejo aquí, sin contar más para no echárselo a perder a quien le interese leerlo.

Es esta, en definitiva, la historia de un chaval de 15 años que necesita renovar sus fuerzas y desconectar de su vida para encontrarse a sí mismo y descubrir quién es en realidad y lo que es capaz de llegar a hacer; algo que, a veces, los que nos rodean pueden ver con más claridad que nosotros mismos.
Y, en parte, por eso Oier es tan importante. Porque es el ejemplo omnipresente para él de un espíritu de lucha y de aprecio a la vida. Porque Oier sufre de fibrosis quística, apenas puede salir de casa y su esperanza de vida es muy corta y, a pesar de ello —o, quizá, debido a ello— es el más indicado para enseñarle a vivir y a superar el pequeño bache que le ha tocado vivir.

No solo para los chavales, sino también para los mayores, es una lectura muy recomendada para el verano. Y, de paso, para aprender algo sobre Renacimiento, arte, filosofía o ciencias sin el tedio de las clases ni la pedantería de algunos libros de texto.

¿Más info?: http://menudocastillo.blogspot.com/2011/05/las-alas-de-leonardo.html

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