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Abismos, de David Jasso

Si hay algo que me pasa con los libros de terror es que, al acabarlos, tengo que descansar mi atribulada mente en otras lecturas durante un tiempo. Acabado de leer uno, tengo que esperar unos meses hasta pasarme a otro. Sin embargo, el azar ha querido que me vea inmerso otra vez en ello. Esta vez en los Abismos, de David Jasso; una nueva antología de relatos de terror. Terror totalmente real. Terror en la vida cotidiana. De ese que te puede pasar en cualquier momento.
Y, como sabía que tendría que hacer esta reseña en tiempo récord, el martes me pasé por la web de la editorial AJEC en busca de una presentación y algún fragmento de cortesía del libro. Por eso, más que nada, comenzaré hablando de El Tubo. Me gustó y me quedé con las ganas de acabarlo —porque AJEC no lo ofrece entero…— y por eso, cuando el viernes el correo me trajo el libro, me lancé a por el final de El Tubo. Y descubrí un final alucinante, más allá del final, cuando ya me había acomodado al final feliz. Algo inesperado. Dicen que Jasso es muy parecido a Stephen King, pero como no conozco nada de nada de ese autor, a mí me recuerda a Poe. Pero quizá sea por mi tendencia Steampunk o por mi obsesión decimonónica, no sé…

Entonces se me ocurrió pensar en quién es David Jasso, porque de él no sabía mucho más que el nombre y, como tenía que hacer esta reseña y luego entrevistarlo… Así que miré la presentación que de él hace el libro. Y he de decir que me dio miedo. Es un tío siniestro, un chiflado, un descerebrado…. Y no solo lo digo por la foto que le han puesto (se ve que la forma más fácil de aproximarse a él fue esa, blandiendo un cuchillo). Así que me puse a leer el prólogo, en busca de más datos que me confirmasen que todo era una broma pesada.
Pero resulta que el prologuista se llama Daniel Lonces, y conoce a Jasso tan solo porque los tribunales los presentaron. Al parecer, Jasso escribió una novela titulada La silla, en la que contaba una historia que le pasó realmente a Lonces: un escritor que se ata a una silla para saber qué sienten sus sufridos personajes. Y todo lo que Daniel dice de él son barbaridades, le tiene un odio visceral. Me ha dado a entender que Jasso es peor de lo que cuenta la presentación del libro y está extraordinariamente desequilibrado. No sé. Tengo miedo de entrevistarlo. No sé cómo voy a hacerlo. Me da bastante miedo. Quizá el único modo sea haciéndole creer que soy un psiquiatra o algún tipo de médico que quiere evaluarlo. Algo así como en Mentes Criminales. O como el médico negro de Watchmen. Parece que este tipo de desequilibrados respetan más a ese tipo de personas. Quizá porque saben reconocer sus supuestos méritos…

Como llegó la hora de comer, de ver los Simpson y de enganchar con las noticias de las tres, dejé El Huevo para más tarde. Y me resultó incluso mejor que El Tubo. El ritmo de la narración es vertiginoso. Partiendo de la “inocente” broma de un niño de trece que arroja un huevo a un transeúnte desde una ventana, nos lleva hasta un horrible final. Es un monstruo que va creciendo cada vez más, hasta convertirse en algo enorme, rozando casi la situación absurda, y llegando por fin a un clímax que te deja helado. Un final más sorprendente incluso que el de El Tubo, y con moraleja también, para quien quiera verla. Como curiosidad, y según Internet, parece ser que el favorito de los que han leído Abismos oscila entre estas dos narraciones: El Huevo y El Tubo. Yo me quedo con El Huevo.

Me sentó como un tiro tener que largarme de casa y dejar el libro para más tarde. Pero, al regresar, me lancé a por La Bruma, el único relato no inédito del libro, por haber sido publicado en la ya “fenecida” revista Galaxia y por ser ganador del Premio Liter.
En un principio, La Bruma parece más tranquilo y relajado que los demás. Incluso parece presumir de cierto lirismo en su narración. Es algo bello, con la lectura muy fluida, casi como poesía. Pero he de decir que con esta historia sentí cierto mareo al final. Porque poco a poco se va oscureciendo, como la bruma que cubre al protagonista —que se “recupera” en un psiquiátrico de un accidente de tráfico en el que murió su familia—, volviendo el ritmo más rápido, mucho más, llevándote corriendo hasta el borde del abismo. Intenté comenzar El Cine, pero no pude. Tuve que dejarlo.

En la tarde del sábado leí El Cine y la novela corta La textura de tu piel. De estos dos he de decir que ya no sentí esos mareos o ese vértigo de los demás relatos, pero también son interesantes, inesperados y fáciles de leer.
El Cine muestra qué puede pasar si tu novia desparece de repente y sin dejar rastro en los baños de un cine. No es tan sorprendente y resulta un tanto predecible. Quizá los demás relatos le ponen el listón demasiado alto.
Y La textura de tu piel también es fácil de leer, aunque se me hizo un poco largo para el final que tiene. Una joven que tiene la habilidad de atravesar cuerpos físicos y aprovecha para impresionar a un chico del que está totalmente enamorada y que no resulta ser como a ojos de ella parecía. El final es también sorprendente, pero no tanto como en los casos anteriores. Pero como en las demás historias, una situación aparentemente cotidiana acaba llevándonos a un final terrorífico.

En definitiva, un libro que, aunque de poco más de 200 páginas, me fumé en unas pocas horas. De lectura muy fácil y envolvente pero con una profundidad… abisal.
Ya solo resta entrevistar a este chiflado capaz de elucubrar tan retorcidas historias. Una mente criminal a la que temo enfrentarme. Quizá sea esta mi única entrada. Ahora me toca a mí enfrentarme a mis Abismos.

Comentarios

David Jasso ha dicho que…
Nada, solo quiero recordarte cómo acaba el psiquiatra de Watchmen. Pues eso.
Yosu Rc! ha dicho que…
¡Dios mío, ya está aquí...!

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