martes, 31 de mayo de 2011

Greenpunk

Mi relativamente reciente interés por los retrofuturismos me ha llevado a profundizar tanto literaria como estéticamente en Steampunk –por supuesto-, en Dieselpunk, en Clockpunk… y en menor medida en el archiconocido Cyberpunk y en Biopunk, Ancientpunk, etc.
Llegados a este punto, muchos dicen que es increíblemente fácil crearse una nueva tendencia retrofuturista. Muchos ironizan que no hay más que coger cierta cultura o época histórica y añadirle la coletilla –que no todos entienden- “punk”. Así, si partiendo por ejemplo de un gallego como yo, podríamos tranquilamente crear el Celticpunk diciendo que se basa socialmente en la organización tribal propia de los Celtas y los Ártabros; estéticamente, en las pintas que se gastaban de aquella; y tecnológicamente en lanzas, arco y flecha hechas con sílex, espadas primitivas, vasijas de barro, casas de adobe y paja, etc. Y podría decir que Astérix y Obélix son una clara demostración de literatura Celticpunk.
En fin, fuera de bromas, ¿a qué viene todo esto? A que acabo de, no descubrir, sino abrir los ojos y profundizar en una nueva tendencia retrofuturista que me está gustando mucho. Se trata del Greenpunk.
Y, tal como está el mundo, no me parece nada mal que se extienda tanto en la ficción como en la realidad. Si hay un retrofuturismo que los aficionados deberíamos extender como modo de vida, es este: el Greenpunk. ¿Por qué?

Como el resto de retrofuturismos, el Greenpunk se basa en una tecnología alternativa. Si el Steampunk se basa en la poco explotada del carbón y el vapor, el Greenpunk lo hará con una tecnología 100% amable con el medio ambiente, que pone el respeto a la naturaleza por encima de todo y que se basa ante todo en una filosofía ecologista y en el reciclaje y la reutilización de productos.
En este sentido, si bien es cierto que rechazaría totalmente el Romanticismo que le da al Steampunk su encanto, sí lo sustituiría por un enorme interés en darle a la Naturaleza una supremacía casi totalmente perdida hoy en día.

Imaginemos una situación post-apocalíptica derivada de un conflicto a nivel global. ¿Catastróficas consecuencias del cambio climático? ¿Por qué no? Sería algo que muy bien nos serviría de escarmiento y de evolución lógica hacia el Greenpunk. Imaginemos ahora a un grupo de supervivientes que tratan de levantarse de entre los escombros con una nueva filosofía. Un grupo de gente que toma vestigios de la antigua cultura consumista para reinventar su modo de vida y crear una nueva civilización que “piensa en verde”, que trata de reconstruir una ecología devastada, una nueva generación responsable y respetuosa con el entorno que pretende corregir los desastrosos errores del pasado (o, por mejor decir, del presente).
Sí es cierto que ya existía literatura que manejaba estas premisas, pero no estaría mal que la difusión que ahora le damos al aspecto artesanal y DIY del Steampunk cobrase mucha más difusión en el Greenpunk. Un DIY que usa energías renovables, que recicla y que reutiliza lo que el mundo comercial llama obsoleto o inservible. Un DIY que aboga por la concienciación global y el cambio de tuerca mundial que tanta falta hace. Una ficción, en definitiva, que tendría un eco mucho más poderoso que cualquier otro retrofuturismo en la realidad.

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