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11M11

11:51

No había tardado demasiado en regresar, a pesar de que la espera en el aeropuerto y el viaje le habían parecido una eternidad; al igual que aquellos dos minutos que pretendía olvidar le habían parecido dos horas.
Irónicamente, había perdido más tiempo para llegar de Barajas a su casa. Pero no le importó. Una vez se sintió de nuevo en España, las cosas cambiaron totalmente. Aquí estaba seguro. Aquí no habría ninguna catástrofe.
Se prometió no volver a salir de vacaciones a un país extranjero, mucho menos a un país asiático. Nunca volvería a vivir un 11M en Japón. Ya había hecho el viaje de ida con la extraña sensación de que las películas de desastres japoneses que veía por televisión eran ciertas. No paraba de pensar en monstruos como Godzilla o Mothra destruyendo ciudades enteras haciendo temblar a todo Japón. Y, en una semana, había comprobado que así era. Es cierto que no aparecieron ni el lagarto ni la polilla gigante; pero esta “película” tenía muchos más protagonistas: el terremoto, el tsunami, la central nuclear, las nieves y el volcán en erupción. Solo a Japón podía pasarle algo así… Claro, por eso hacen las películas que hacen.
En el viaje de vuelta a casa, en el autobús que lo traía de Madrid, no pudo evitar sonreír al comparar el cine japonés con el español. En el español nunca se veían cosas así. No, nosotros no somos de películas de desastres. Somos más de comedias y de situaciones cotidianas. Aquí no hay peligro, se repetía una y otra vez, mientras los baches de la carretera le hacían temblar recordando el fuerte terremoto.
Y, al fin, el 14 de marzo, llegó a casa. Nada mejor que volver a casa, se dijo. Aquí estaré a salvo. Se acabaron los desastres. Que Japón se arregle lo suyo. No sé cómo se me ocurrió ir de vacaciones tan lejos. No pienso permitir que nada me estropee el verano. Nada mejor que volver a casa, se repitió, nada mejor que volver a Murcia.

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