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Guerra y paz, de Lev Tolstói

No hay nada como un par de semanas de convalecencia para leer uno de esos libros que suelen meter miedo y que no se atrevería uno a leer teniendo que enfrentarse a un tiempo a la vertiginosa rutina diaria.
Así que, si algo bueno tiene la gripe, es que me permitió leer la que algunos califican como la Ilíada moderna: Guerra y paz (1865), de Lev Tolstói.
Mientras había un período de encarnizada guerra y paz en mi propio cuerpo, esta novela me entretuvo de manera asombrosa. Es increíble la capacidad que tiene el autor de retratar la vida rusa de primeros del siglo XIX hasta el final de la invasión napoleónica. Es cierto que las primeras 100 páginas, que cuentan cómo era la vida en los salones de la sociedad rusa antes de la guerra, con esas vidas tan mundanas y vacías, me hizo bastante difícil arrancar y me dio ganas de tirar la toalla. Pero entonces surge la acción y lo imbuye a uno en la guerra, repentinamente y con gran intensidad.

Las historias de guerra y de paz se van sucediendo a lo largo de esta enorme narración, y es muy fácil perderse entre tantos episodios y perder el horizonte de la historia, ya que vamos a leer cien distintas aventuras, batallas, historias de amor, intrigas política… en las que intervienen incontables personajes diferentes que toman el primer plano en un momento dado para luego desaparecer y finalmente volver a tomar su posición en la acción.
El que podría ser calificado como el personaje principal de la historia y, a mi entender, el más interesante es Pedro Bezukhov. Es este un hombre un tanto extraño, torpe, distraído y que siempre se deja llevar por la corriente de ideas que esté de moda en el país; pero ninguna le reporta esa paz interior y las respuestas trascendentales que tanto ansía encontrar. Es en la personalidad y la evolución de Pedro donde más se ve cómo la guerra cambia a una persona por completo, transformándola en alguien totalmente diferente.

Finalmente, el epílogo nos muestra qué sucede finalmente con los personajes sobre los que hemos estado leyendo. Transcurre en 1820, años ya después de la derrota de Napoleón, y deja en la mente esa sensación de que el conflicto y la crisis han pasado y que la gente que ha sufrido las consecuencias de la guerra se ha adaptado como ha podido a la nueva situación. Podemos vislumbrar los nuevos héroes, las nuevas ideas políticas, los nuevos conflictos… porque la historia termina cuando comienzan a aparecer los decembristas, forjando ya la conspiración contra Nicolás I, que llevaron a término en 1825.
Así pues, a pesar de la enorme extensión de esta historia, al terminar de leerla, en lugar de quedarme la sensación de haber hecho una gran proeza al leerla en tan poco tiempo, la sensación que Tolstói me deja es la de que no he leído apenas nada sobre Historia. Tan solo es un conflicto que duró apenas unos pocos años y que se limitó al pueblo ruso, que apenas debiera interesarme. Y que la Historia no se acabó ahí, sino que continuó. La vida sigue, la vida es constante cambio. Y nosotros somos apenas una mota de polvo perdidos en un minúsculo momento de esa enorme Historia.

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