martes, 11 de enero de 2011

Los relojes de Alestes, de Víctor Conde

La primera noticia que tuve de la existencia de Víctor Conde —como supongo que sucedió a más de uno— vino con el fallo del último Premio Minotauro. Y, a partir de hoy, leí un montón de reseñas y algunas entrevistas y escuché una entrevista en la radio; todo con relación a Crónicas del Multiverso (Ed. Minotauro), la novela ganadora del premio.
Pero Los relojes de Alestes
(AJEC Ed.) llamó más mi atención. En parte por su temática y, en parte, porque gracias a esa novela pude contactar con el señor Conde a través de un foro tanto por hilos como por Mensaje Privado; lo cual acrecentó mi interés aún más por la novela y mi admiración por su autor.
Así que me hice en cuanto pude con un ejemplar y me lancé a ella lo antes posible.
Y aquí, metiéndose al fin en el ajo, es cuando uno se da cuenta de que la sinopsis que lu
ce la contraportada no me parece muy acertada, que digamos…

Poco tiempo después del primer viaje a la Luna, protagonizado por los caballeros del Gun Club estadounidense, en la Europa de entreguerras está fraguándose un proyecto que significará el inicio de una nueva era para el reino de Prusia.
Una rica aristócrata, frau Irna Hohenstaufen, invertirá su magnífica fortuna en financiar un viaje a la superficie del satélite con un propósito mucho más prosaico que el de los americanos: excavar en busca de oro hasta el mismo corazón de la Luna, con la ayuda de un misterioso reloj del que nadie conoce su utilidad, para así financiar la inminente guerra de su país contra el Imperio Otomano.
Pero lo que encontrarán una vez lleguen allí desafiará incluso las más atrevidas predicciones de los científicos...


No quiere decir esto que la novela haya decepcionado, sino que
nos encontramos con algo muy diferente a lo que habíamos imaginado. Lo que nos vende la sinopsis es la última parte del libro, la mejor parte, la delirante revelación final que no deja a nadie sin esa extraña sensación de vértigo al ver lo que… lo que va a pasar. Y solo por eso merece la pena leerla. Sin embargo, no podemos olvidar el resto de la novela, los dos primeros actos. Porque, aunque no se desarrollen en la Luna, tampoco tienen desperdicio. Hubo una cosa que me hizo más difícil la lectura: el modo de narrar la historia, a base de las anotaciones de diario y la correspondencia de los protagonistas. A veces, he tenido la sensación de que se perdía cierta cohesión entre las distintas partes. Sin embargo, añade realismo a la historia y muestra una muy rica variedad de puntos de vista. Y, por otro lado, parece que el autor trata de añadir a la historia tantos guiños decimonónicos que algunos, en lugar de surgir naturalmente, por sí mismos, parecen un tanto forzados. Pero es un detalle sin importancia que no resta en absoluto calidad a la novela. Si alguien está pensando en leer esta epopeya steampunk, repito que tenga en cuenta que no nos vamos a topar con un libro al estilo Viaje alrededor de la Luna, como pudiéramos pensar; sino con un libro al estilo De la Tierra a la Luna, en la que priman los preparativos y el viaje es el clímax de la historia.

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