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La vida útil de tu novela

15:26

Suele pasarme a veces que me topo, buceando por la blogosfera, con entradas de blogs escritas por escritores que reflexionan sobre su papel -nunca mejor dicho- en el mundo editorial y en el futuro que les cabe esperar como individuos (porque el futuro del mundo editorial en general sería otra canción...)
También me pasa que en algunos blogs que sigo habitualmente, escritos por escritores con una sola novela publicada, reflexionan con frecuencia sobre este tema. Y he de decir, sinceramente, que hay uno o dos que me preocupan y me entristecen realmente; como si los conociese realmente y me estuviesen contando sus preocupaciones ante una taza de café. Y son estos últimos lo que más me hacen pensar, aquellos con los que empatizo y con los que siento su sufrir en mi piel; los que me hacen reflexionar a mí también sobre este tema.

Podríamos decir, creo que todos, que esto siempre comienza de la manera más inocente. Te encanta leer y se te da bien inventar y/o escribir historias, así que el siguiente es un paso lógico. Haces poemitas, algún relatillo inocente y... de repente, una novela. Los amigos y la familia ya te llaman "escritor" y te animan a publicar; y es ahí cuando el título de "escritor" te infecta bajo la piel al contacto de los dedos contra las teclas y se te aloja en el cerebro entrándote por los tímpanos; y empiezas a sentirlo, y empiezas hacerlo tuyo.
Así que ya estás infectado. Crees que eres bueno y tus allegados también lo creen (No es que esto sea algo malo. Crees que eres bueno porque, con buen criterio, tienes razones para ello). Y esto te lleva, al fin, a lanzarte.
Pasemos por alto el hecho de que no encuentres editorial. Vamos a centrarnos en aquellos a los que su buen criterio y su buen olfato -con dosis de suerte, quizá- los lleva a encontrar una editorial que se une a sus amiguetes para decirle: "pues sí, sí que lo haces bien."
Se puede resumir en un par de párrafos, pero este proceso puede llevar sudor, tinta, lágrimas y años. Pero si has llegado hasta aquí ese título que sentías en tu interior ya ha sido sobradamente diagnosticado. Ahora sí eres escritor. Ahora, cuando te dicen "¿eres escritor?" y tú respondes orgulloso "sí, lo soy", y después te preguntan "¿y qué libros publicaste?", ahora ya no te achicas y sacas pecho, alzas los hombros y levantas la barbilla respondiendo con el alma "tengo una novela publicada" añadiendo después ese título que le has puesto, que tú has elegido como representación de años de trabajo, corrección, disciplina y cariño, como un padre pone nombre a su hijo cuando lo ve nacer.

Pero te topas de repente con una cosa que no te habías planteado -o ante la que te confiesas ciego y sordo- a la que el marketing se ha emperrado en llamar algo así como la "vida útil de un producto". Y, ahora, ¿qué?
Ya te habías dado cuenta de lo difícil que es empezar un relato o un poemita. Ya habías sufrido lo que es terminar una novela bien hecha. Ya habías pasado meses o años aunados a incertidumbres y noches sin dormir esperando respuestas de editoriales. Ya descubriste por propia experiencia lo difícil que es llegar hasta aquí.
Pero ahora alguien te pone un muro delante diciendo "hasta aquí hemos llegado, escritorzuelo; tu tiempo ya pasó".
Y te dices que eso de ganar dinero con tu libro se acabó. Y sientes que ya nunca podrás saber lo que es publicar otra vez. Y te olvidas de eso de vivir de los libros. Vuelves a sentarte en tu escritorio, y vuelves a ponerte ante el teclado; pero esta vez prima el teclado numérico que tanto odias sobre las letras que tanto has amado. Las debes dejar abandonadas porque no te darán dinero para comer. Debes centrarte en los números, en echar las cuentas que te dan el pan, en sumar y restar las cifras de otra gente, en bajar de las nubes, dejar la fantasía y volver a la realidad... Y el sueño se acaba.

No sé qué he pretendido al escribir estos párrafos. No tenían un guión o una lección predefinida al empezar. Tan solo me he dejado llevar por el modo en el que veo las cosas y por lo que temo ver en el futuro. No quiero decir que el miedo me paralice o me anule, porque tengo una novela escrita en busca de editorial y otra en proceso de escritura esperando el mismo destino. Yo también estoy iniciando esa travesía y voy contigo en ese barco que sientes que se hunde ya para ti.
Lo que quiero decir es que no he dejado que el sueño me cegase. No he querido iniciar esa vertiginosa historia que conté unas líneas más arriba. Antes que eso, me tomo las cosas con calma y no me doy prisa. Y, desde luego, no me pongo como meta final vivir de la literatura. Si sucede, que suceda; por supuesto.
Pero no pienso dejar que este mundo, que su ideal de mercado, que su materialismo, que su imperfecto y absurdo sistema editorial y sus extrañas, frías e impersonales normas me nieguen mi derecho a disfrutar de la literatura. No. De eso nada, señores.
Mis libros. Mis novelas. Mis escritores. Mi literatura. Eso es mío y nadie me lo arrebatará. Pase lo que pase, yo seguiré disfrutando al escribir. Y no dejaré que ningún euro de más o de menos me lo impida. Y seguiré escribiendo cuando necesite evadirme de este cochino mundo y de situaciones como esta.
Quizá tenga que verme obligado a centrarme en los números, en echar las cuentas que me den el pan, en sumar y restar las cifras de otra gente, en bajar de las nubes, dejar la fantasía y volver a la realidad... Pero el sueño no se acaba. Ni se acabará. Por supuesto que no. Cada cosa estará en su lugar. Y la literatura seguirá ahí. Y mis relatos, y mis novelas.
Seguiré disfrutando escribiendo mis novelas.
Y seguiré disfrutando leyendo las tuyas, seas quien seas, ganes lo que gane, te dé el mundo la fama que te dé. Y teniendo tu novela la "vida útil" que tenga en la estantería de una librería cualquiera, recuerda que en mi estantería su vida útil durará tanto como la de los ojos que las quieran leer.

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