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Sin barcos en el puerto...

12:34


Acabo de leer una entrada de un blog que se escribió hace ya tres semanas. Comienza hablando de la presión que sufren a veces los escritores de grandes sagas por parte de sus fans cuando estos ven que las continuaciones que tanto ansían tardan en llegar.
Pero después la autora traslada la historia a su propia situación. Según dice, lleva siete meses bloqueada, escribiendo “prácticamente nada” “con un enorme esfuerzo y muy poquita calidad literaria”.
Y se me da ahora por mencionar este tema aquí porque, ¿a quién no?, a mí también me pasan estas cosas. Sin embargo, uno de los motivos por lo que es bueno que los autores desagüemos nuestras palabras en diarios como este es porque, irónicamente, situaciones como esta nos hacen escribir. Sí, cuando uno se sienta a escribir un poco más de esa novela que arrastra desde Enero, y siente que las palabras no fluyen, siente que no está cómodo en la silla, que el portátil ya se está calentando demasiado debajo de las manos, que se muere de calor, que está empezando a sudar, que este párrafo es un asco, que no soy capaz de plasmar lo que pienso… lo único que puedes hacer es responder al Word que “por supuesto que no pienso guardar los cambios. ¿Acaso ves tú algo que merezca la pena ser guardado en la chufa que acabo de escribir?”
Y entonces, te levantas, te relajas, te vas a leer un libro, te conectas a Internet para leer algún blog y, cuando vuelve el gusanillo, vuelves a abrir un documento nuevo, blanco, sin mácula, para escribir unas líneas como estas… Y, al releerlo, te das cuenta de que la calidad que sientes perdida está ahí. Bueno, no sé si quien lea esto pensará que hay más calidad en su lista de la compra que en lo que acabo de escribir; el caso es que el tan temido bloqueo no está presente en este momento... Las palabras fluyen, los pensamientos se aplastan y secan contra el papel y las líneas avanzan sin parar hasta el final.

Entonces, ¿dónde está el bloqueo? ¿Por qué no puedo volver a escribir esa novela que quiero acabar?
Creo que, a veces, no es que el autor se sienta inútil para escribir, no es que haya perdido la sensibilidad en la mano. Es más bien que, a veces, no es el momento de escribir
lo que quieres escribir. Y eso es lo que molesta. Que puedes escribir una nueva entrada en el blog y que puedes escribir un relato digno de ser leído; pero no puedes escribir la novela que quieres continuar, que es eso precisamente lo que te está vedado.

Y, aunque no sé cómo trabaja un escritor profesional, quizá sea eso lo que les sucede a ellos también. Quizá puedan seguir cumpliendo con sus compromisos en las columnas de las revistas en las que participan, o puedan seguir actualizando sus blogs, o puedan escribir más relatos o novelas nuevas; pero esa precisamente, esa que tanta presión recibe, que todos esperan con ansia, que debe ser digna de un universo preexistente… esa, esa está vedada.

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