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La claridad de la sombra, de Cristina Prieto Solano

El domingo de la Ferial del Libro de Ferrol, allá por el mes de marzo, me acerqué a ver una presentación que me llamaba bastante la atención: Cristina Prieto Solano, una joven de 15 años presentaba su primera novela, La claridad de la sombra.

Aunque en aquel momento prometí comprarlo, y lo tenía en lista de espera hasta ahora. Hace unos días, el Face me dijo que iba a hablar de su libro en mi ex-instituto: IES Catabois (el colegio anteriormente conocido como Eugenio López), y aproveché el hueco que me quedó tras La mecánica del corazón para leer La claridad de la sombra.

No es la literatura juvenil fantástica un género que me lleve a picar el ratón muchas veces o a leer mucho. De hecho, traté de leer el primer volumen de Memorias de Idhún y no pasé del capítulo 2. Así que cogí este libro sin esperarme nada especial ni un libro que me entusiasmase, más que nada por ver la forma de narrar de alguien joven de por aquí, a quien llaman “joven promesa”. Como dice el anuncio de la tele: “oye, hay que apoyarlos”.

Abrí el libro el sábado y lo cerré el domingo. ¿Que no me gustó? Nada de eso. Es que lo leí en un fin de semana. Lo cogí la primera vez para empezarlo. Y la segunda, ya para terminarlo.

Lejos de lo que hubiese creído, me sorprendió la forma en que captó mi atención y me mantuvo enganchado hasta el final.

Sólo le sacaría una pequeña “pega” a los diálogos, quizá algo sobrecargados de bromas entre personajes, comentarios y muletillas que, aunque comunes en la vida cotidiana, a veces cargan la narración y desvían la atención. Pero, a ver, ¿quién no tiene que mejorar en los diálogos? Isaac Asimov. Los demás, todos podríamos hacerlo mejor. Por mi parte, la articulación de los diálogos es de lo más difícil en una novela.

Pero, dejemos esto aparte para centrarnos en lo que importa, los puntos a favor, que son más. Al avanzar en la narración, me pareció ver influencias, apuesto la cabeza, a Laura Gallego, por supuesto; pero creo que también había cierto aroma al Eragon de Paolini –el cual leí con fluidez, pero con pesadez por veces; y cuya película homónima jamás logré terminar de ver-.

Me sorprendió la evolución de Sara, la protagonista, tanto en su modo de adaptarse al nuevo mundo en el que se ha mezclado sin quererlo como a las transformaciones físicas y psicológicas que tiene que sufrir a lo largo de la historia hasta llegar a mostrarnos la moraleja que saca de su experiencia. Un personaje muy bien logrado.

El capítulo VIII en concreto, me pareció genial; y me llegó. Y el final, con un giro inesperado que no me esperaba en absoluto, me dejó un magnífico sabor de boca.

Leo en el blog del insti la buena noticia de que Cristina acaba de escribir otra novela y ya está con la continuación de La claridad de la sombra. Hay que apoyar a los nuevos escritores, y algunos nos demuestran fácilmente que se merecen un sitio, o dos, en nuestras estanterías. Y, por mi parte, aunque me confieso incapaz de leer a Laura Gallego, seguiré pendiente de Cristina Prieto.

Comentarios

Lukyan Corvinus ha dicho que…
Que tal mr. Boffin! Por supuesto que no, ayer mismo en la noche estaba leyendome este artículo... Me agradará saber lo que piensa charlar conmigo, así mismo yo quisiera ponerle al tanto de mis actividades en este continente...

Respecto a mi artículo, es cierto, podría llamarsele "clásico" y sonaría e iría más concorde, solo que como me inspiré en el artículo de Lady Elizabeth en Estética Steampunk creí que sería buena idea no cambiar términos y respetar los ya expuestos... De igual manera le haré un ajuste a la entrada para que lo mencione tambien como clásico... Gracias por su observación!
crishippie ha dicho que…
Me ha encantado la reseña :)

Me alegro de que te haya gustado ^^

Un besito

Cristina Prieto
Yosu Rc! ha dicho que…
Ha sido un placer leerte, ;)

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