sábado, 1 de mayo de 2010

El día de los trífidos, de John Wyndham

Aunque es esta una de las obras más famosas y mejor criticadas de la ciencia ficción de mediados de siglo, he de confesar que no lo había leído hasta ahora.

Sí, sabía lo que es un trífido, cómo no, y sabía de adaptaciones como miniserie, largometraje o cómic (el cual, por cierto, sí leí).

Así que, habiéndolo ya leído, voy a extraer unas pequeñas conclusiones de la obra.

Es este libro uno de esos en los que, al comenzar el capítulo uno, sabes que la cosa promete. Se abre con la frase: “Cuando un día que usted sabe que es miércoles comienza como si fuese domingo, algo anda muy mal en alguna parte”. La explicación, a continuación, de lo que el protagonista quiere decir con esta tan sencilla como profunda frase nos lleva a descubrir junto con él que, evidentemente, algo extraño ha pasado.

Salimos a la calle, vamos a tomarnos unas copas, vamos conociendo gente y reflexionamos en lo que ha sucedido a través de un Londres y una Inglaterra, y todo un mundo, en definitiva, que ha sufrido una serie de sucesos simultáneos que han llevado a un cataclismo no tan casual como al principio parecía. Y, aunque manejamos varias teorías, en ningún momento llegamos a alcanzar una explicación sobre las causas del desastre.

Esta atmósfera y casi toda la narración mantienen en la mente del que va leyendo las antiguas narraciones de H.G.Wells, sobre todo La Guerra de los Mundos. Salvando las distancias, por supuesto. Digamos que al viejiño le habría gustado esta novela.

Desde mi punto de vista, merece todas las buenas críticas que ha recibido y su posición de una de las mejores novelas de la Edad de Oro de la ciencia ficción.

Sin embargo, al ir avanzando en su lectura, no pudo evitar sentir que la narración se iba desinflando poco a poco. Parece como que el autor descargó con rapidez todo lo bueno y fue perdiendo fuelle a medida que avanzaba en la redacción, llevándonos a un final inesperado y un tanto extraño que nos deja pensando que la vida de los protagonistas sigue después de todo, aunque sin nosotros.

Por cierto, para terminar, añadir además que Wyndham cuida especialmente los finales de la novela. A destacar ante todo el del capítulo siete, que nos prepara para el magistral capítulo ocho: “Y bailamos, en la orilla de un ignorado futuro, con el eco de un desvanecido pasado”.

2 comentarios:

Aguien en concreto dijo...

Me ha alegrado usted el día. Es difícil hablar de esta obra pues, aunque famosa fuera, dentro es bastante desconocida. Estoy absolutamente de acuerdo con usted. Aunque he de reconocer que el libro me atrapó desde la primera hasta la frustrada última página.

Y por cierto quería comentarle que Simon Clarck escribió una continuación, La noche de los trífidos, que todavía no he tenido el placer de encontrar, pero que ya le comentaré.

Considéreme un lector más.

Un abrazo

Yosu Rc! dijo...

La noche de los trífidos, sí. A ver si me hago con ella y dejo huella de su paso por aquí.

Por otro lado, ya le tenía a usted como un lector más de por aquí, capitán Arkelao, me alegro de que me lo confirme.
Un saludo!