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Le fantôme de l’Opera, Gaston Leroux

Hace unas semanas que se oye hablar de El violín negro, de Sandra Andrés Belenguer. Es una novela que tiene muy buena pinta y a la que tengo ganas de echar el guante. Sin embargo, como está basada en El fantasma de la Ópera, escrita por Gaston Leroux en 1910, decidí hacerme antes con esta.

Así pues, habiendo leído esta novela –ópera en sí misma y oda a la música-, me veo impulsado a dejar constancia de la profunda impresión que provoca su lectura.

El fantasma de la Ópera existió. Con esta frase comienza la obra, mostrándonos de qué modo el autor adquirió la absoluta certeza de la existencia de este curioso personaje.

En este marco se nos presenta posteriormente a una joven cantante de ópera, Christine Daaé, y a su prometido Roul de Chagny.

Y a partir de aquí comenzamos a recorrer los pasillos y las trampillas de la Ópera de París y a sumergirnos en los sótanos y sus catacumbas, donde parece ser que vive un fantasma.

Siento tener que dar una sinopsis tan ambigua, pero no quiero estropear nada de esta historia revelando más detalles sobre su argumento.

Añadiré, tan sólo, que el fantasma no es más que un alma atormentada que, a pesar de los tormentos que le provoca su terrible aspecto físico, lucha por sobrevivir y ser una persona “normal”. Con estos detalles, sobra decir que es esta una novela gótica, aunque con ciertos tintes policíacos.

El fenómeno del fantasma, sus deformidades y el rechazo de la sociedad –y de los individuos- me recordó hacia el final de la obra al, también gótico, mito de Frankenstein y me hizo reflexionar sobre la identidad del monstruo. ¿Quién es el monstruo en realidad? ¿Es Erik, el fantasma, cuyo “crimen” es ser físicamente desagradable? ¿Es eso un crimen? ¿O son todos aquellos que lo llamaron monstruo y lo llevaron a la marginación, todos aquellos que lo rechazan por ser diferente? Al fin y al cabo, ¿qué sería de Erik con un rostro sano? Es un hombre admirable, de lo más inteligente e ingenioso que se pueda imaginar y con una poderosa y hermosa voz que cautiva a todo el que la oye.

En fin, una novela recomendada a todo el mundo. Eso sí, librándose antes de todas las versiones previamente conocidas, ya sea en cine y en teatro, y de todas las ideas equivocadas que tenemos sobre la identidad del protagonista.

Me despido, pues, del fantasma (o, como le llama Leroux, el Ángel de la Música) con una frase sacada de su propia boca: El destino te encadena a mí sin retorno.

Comentarios

Daniel Miñano Valero ha dicho que…
A veces paso por este blog, llegado desde el de Álamo, y por falta de tiempo no dejo constancia de mi paso.
Esta vez no puedo dejar de aplaudir tu homenaje a la novela de Gaston Leroux; uno de los mejores libros que jamás leí (su capítulo número XII, ¿alguien leyó algo más perfecto que ese capítulo XII del Fantasma de la Ópera? igual de perfecto tal vez, más no...).
De hecho, en general, Leroux es uno de mis autores predilectos. Raro, sobreactuado, folletinesco pero gigante.
Viva Gaston Leroux.
Yosu Rc! ha dicho que…
Me alegro de que Joe me mande gente por aquí.
En cuanto a la entrada, tienes razón, el último párrafo de ese capítulo es alucinante.
Castillos en el Aire ha dicho que…
Me quedé con las ganas de leer El fantasma de la ópera desde la presentación de El violín negro, estuve a punto de comprarlo ese mismo día, pero no lo encontré y al final una cosa lleva a la otra y no lo he leído todavía, pero tras leerte creo que ya lo he pospuesto demasiado tiempo, la semana que viene me lo compro y me lo leo, a pesar de todos los libros que tengo pendientes.

Un saludo y me alegro de haber contribuido minúsculamente a que disfrutases de su lectura.

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