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Evasión. Para Bien o para Mal

19:52

Como cada semana, hace unos días escuché Castillos en el Aire. En el programa correspondiente a esta semana, además de dedicarse a homenajear a Edgar Allan Poe con unos cuantos humildes microrrelatos, Javi y Silvia entrevistaron a Lucía González Lavado, escritora fantástica (fantástica en cuanto al género en el que escribe).
Como se está poniendo de moda, se aligeró de trabajo a los profesionales y se permitió mayor participación a los “oyentes”, que a través de Facebook planteaban sus preguntas a Lucía.
El asunto que me ocupa parte de una pregunta que, aunque bastante común, obtuvo una respuesta que me hizo pensar.
(Antes de comenzar, quiero hacer una aclaración: Lo que voy a hacer a continuación no es rebatir sus ideas. No quiero que se entienda que no estoy de acuerdo con su respuesta. Aunque no conozco a Lucía y no he leído de ella más que un relato, es una de esas escritoras por las que, sin saber por qué me inspiran cierta simpatía. Lo que quiero hacer, pues, es partir de su punto de vista para exponer el mío.)

Alguien preguntó si Lucía escribe para evadirse de la realidad. Me esperaba la típica respuesta, que todos damos: que la realidad tiene sus rutinas, sus periódicos llenos de tinta ensangrentada, sus desilusiones, terremotos, pobreza, etc. (pero mucho etcétera...) y la escritura nos permite crear nuevos mundos a nuestro antojo para huir de todo ello. Nos permite crear a quien quisiéramos conocer, ser lo que queremos llegar ser o ser lo que nunca pudimos ser y por eso nos gusta.
Pero no fue esa la respuesta, no. Ella interpretó la pregunta de un modo diferente al habitual.
Ella dijo que no. No textualmente ni parafraseando, pero en esencia más o menos dijo que no porque los mundos que ella y la mayoría de fantásticos crean sobrepasa a la realidad en oscuridad, en maldad, en desgracias.
Y al pensarlo, le doy la razón. ¿Cómo va a ser eso evadirse de la realidad? Esos mundos encaran a personajes normales a situaciones ante las que ninguno de nosotros se ha visto ni se verá jamás. Si la escritura fuese un instrumento de evasión, ¿no deberíamos trasladarnos a un espacio y un tiempo utópicos, hermosos, ideales...?

¿Por qué aquellos que decimos evadirnos a través de aquello que escribimos, paradójicamente, creamos a veces mundos peores al nuestro?
Por ejemplo, mi primera novela, La última conspiración. En ella un ente desconocido hace sufrir al protagonista de principio a fin y juega con su mente y sus sentimientos de un modo que, al releerlo, me sorprende.
¿Y por qué mi modo de evadirme de los males que yo sufría fue creando males mayores?

Cuando repaso el momento en que escribí es novela y otros relatos oscuros que he escrito y recuerdo los sentimientos que me llevaron a ellos veo clara una cosa: cuando escribía con intención de evadirme de la realidad, no lo hacía para crear un mundo que me apartase de este y me mostrase algo mejor. Lo hacía para desahogar lo que había en mi interior. Para expresar lo que sentía. La novela fue escrita en un período de mi vida en el que pasé por varias situaciones difíciles y en las que muchos miedos se fraguaron en mi interior. Sentimientos y males que tenía que echar fuera.
Para explicarlo, sirva de muestra, la historia de nuestros poetas. ¿Qué pasaba con sus obras cuando estallaba la Guerra Civil? ¿Qué sentimientos dominaban en sus poemas? Me viene a la mente, por poner otro ejemplo, un texto de Javi que leyó hace unas semanas: Llanto por Haití.
Aquí es donde se hace el matiz. Cuando sucede algo que nos llega o cuando los sentimientos nos pueden, todos nos refugiamos en la escritura. Unos necesitan huir de lo horrible creando belleza, dibujando con las palabras mundos utópicos, deseables, hermosos... Y otros necesitamos descargarlo y a veces incluso trasladar a la ficción, en forma de metáfora, lo que nos sucede en la realidad. Necesitamos llorar tinta sobre hojas en blanco que recojan nuestras lágrimas.

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