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Monstruos de la Razón I - VV.AA.

19:28

Porque el sueño de la razón produce monstruos. Porque la razón se entiende de muchas maneras. Por eso y porque el imaginario obra milagros, es menester dar cabida a pequeños sueños, dulces pesadillas del intelecto, que autores anónimos y no tan anónimos nos han regalado en el certamen del mismo nombre que, cada año, se celebra en la web http://www.ociozero.com/.

El género no es determinante. Ni la estructura literaria clásica, ni la extensión de cada ensoñación. Porque los monstruos no se someten a los patrones preconcebidos de la mente humana. Porque no siguen cánones de ningún tipo. Porque son monstruos, y sólo se guían por el libre albedrío. Engendros que nos acosan por las noches y nos atormentan durante el día.

Nada se puede hacer para combatirlos, nada para ocultarlos. Únicamente fingir no haberlos soñado, ignorar que los hemos visto por miedo a los monstruos que soñaron otros y que podrían reconocer nuestros miedos y alimentarse de ellos.

Porque eso es lo que son.

Monstruos.

Monstruos de la razón.






Hace tres días que recibí en casa en papel la Antología conmemorativa del 1er certamen Monstruos de la Razón. Y dediqué una noche, de viernes a domingo, a cada una de sus secciones.
Temiendo, como cada vez que me llega un libro de este tipo (y sobre todo con los que llevan mi nombre impreso entre un título y un desarrollo), que portada, encuadernación, diseño... no sean de mi agrado, abro muy despacio el sobre que remite Saco de Huesos Ediciones.
Sin embargo, me sorprende agradablemente. Y me ha encantado. La combinación de negro-blanco le da un no sé qué especial. Como tengo por costumbre, envío un correo a uno de los responsables de la obra, en este caso a Pedro Escudero, para agradecerle rapidez, atención, etc. y me hago una nota mental: leer y reseñar cuanto antes. Aquí van pues, los aspectos más destacados –a mi parecer- de la antología.
Cabe destacar antes de nada que, a pesar de haber tenido a mi disposición la lectura de todos los relatos participantes en el certamen, casi todos son nuevos para mí; y la impresión de que algunos no lo son es tan sólo una vaga sensación que no me permite recordarlos del todo.

Comenzando por la sección Terror y Suspense, y tras mi relato Cryo, nos encontramos a J. Vilches acompañado de El habitante del espejo. Mientras iba leyendo este relato me iba resultando familiar. En parte por haberlo leído y en parte por las impresiones que el autor va plasmando en él. ¿Quién no se ha quedado mirando alguna vez al tipo del otro lado del espejo? No con la fantasía del protagonista quizá, pero sí con la mirada estúpida sin más o perdida en la paradoja de verse los ojos o quizá sin saber por qué. Me ha gustado el modo en que Vilches parte de esta sensación familiar para crear todo un mundo “a través del espejo”, como creyó haberlo hecho Alicia.
Inmediatamente después, habiendo respirado hondo, Juan de Dios Garduño me deja Sin esperanzas. Este corto, del que no me atrevo a decir nada para evitar fastidiarlo, me corta de nuevo la respiración.
El fotógrafo y El entierro, de Javier Pellicer y Juan Ángel Laguna Edroso respectivamente, me transportan a las narraciones de hace dos siglos, recordándome a los monstruos del gran Edgar Allan.
No quiero rematar esta sección sin mencionar al que ya se ha convertido en uno de mis más esperados José Ignacio Becerril Polo, del que ya he comentado su Un año de palabras, y que me hace vibrar de nuevo; esta vez cerrando la sección hablando De sueños y monstruos. Una vez más no defrauda con su particular visión de lo fantástico, no mezclando ficción y realidad, sino mostrándonos mundos fantásticos que me hacen pensar que bien pueden estar sucediendo ahora mismo en cualquier lugar, que quizá suceden cerca de nosotros cada día...

Con un agradable sabor de boca, comienza la siguiente sección: Ciencia Ficción. Y en ella un encuentro en tercera fase que resulta ser un Fracaso diplomático en la Seguridad Social ideada por José M. Blanco hace de agradable puente entre la tensión y el horror de la sección anterior y los futuros que veremos en esta. Al leerlo, podemos imaginar cuándo en qué circunstancias le surgió al señor Blanco la idea de hacer este relato...
Pero la sonrisa dura poco, ya que Ramiro Luís Álvarez Moreno vuelve a acercarnos al suspense contándonos La soledad de Jonás. Después de leer un post-apocalíptico relato, durante el que tratas de entender por qué narices está todo escrito en cursiva, te encuentras con una respuesta en un final tranquilo y sencillo pero sorprendente. Un relato que te hace pensar por qué lo que te sorprende de él no es el siniestro futuro apocalíptico, sino la cotidiana realidad actual.
El único relato de esta sección que recuerdo haber leído perfectamente es Dioses, de Guillermo Ibáñez Gómez. Dioses, laboratorios, experimentos, inmortalidad... Un tema quizá muy usado, pero muy bien desarrollado por Guillermo.
Otilia, de Miguel Mije, vuelve al humor que Fracaso diplomático había iniciado y nos cuenta los problemas y las peleas domésticos entre un hombre y su... sistema domótico.
Sin embargo, volvemos a las apocalipsis de los Sueños radioactivos de Jaime Munuera aka Hans Topo; que me recordó esta vez a los paradójicos argumentos que a veces tenía H.G. Wells. Un excelente relato, pues, de vidas entrelazadas cruces temporales.
Inmediatamente después, Leonardo Montero Flores trae a mi memoria a Michael Ende y su Momo en Tiempo para Luciana. Por supuesto, salvando las distancias. Este no es un relato infantil ni maneja su mismo argumento o desarrollo, pero sí reflexiona sobre esta empresa que se dedica a comprar tiempo de unos para vender a otros. No es tampoco un relato fantástico en cuanto a género, pero sí lo es en cuanto a calidad.

La sección de Fantasía era la que más me temía, pues mi concepción de este género es un tanto... peculiar, y me resulta difícil leerla a veces.
Con esta idea en mente Alejandro Guardiola me presentó a Lubián y una interesante leyenda que me incitó a seguir leyendo.
Seguí leyendo, sabedor de que me iba a meter inexorablemente en mundos medievales y en batallas épicas de tiempos remotos. Pero todo caballero precisa de un descanso entre batalla y batalla. Es entonces cuando Raúl Salcines Serantes ofrece El reposo del guerrero, que muestra una peculiar y nunca imaginada relación de camaradería y caballería entre un hombre y un orco que me recordó enormemente a nuestro famoso Alatriste. Y con un excelente final.
Nos volvemos otra vez a nuestro mundo ¿nuestro mundo? con una serie de relatos que dejan atrás el medioevo... pero me topo enormemente sorprendido con Odisea, de Laura Luna Sánchez. Hace tímida referencia a la cultura clásica, pero se ambiente totalmente en el presente, en un tren en el que un hombre, Ulises, regresa a casa después de un duro viaje de trabajo. Sin embargo, lo mejor de este relato es la joven Nausícaa, de la que es difícil no enamorarse. Si este relato es de fantasía sin duda se debe al carácter de Nausícaa, indudablemente de un mundo fantástico que sólo puede existir en nuestra imaginación.
Y termina el libro con una nueva leyenda, esta vez sobre las hadas y la noche de San Juan, que me recuerda poderosamente a una romántica leyenda de Bécquer. Esta, sin embargo, se llama Comida mágica; y no es de aquel, sino de Clara Tahoces.

Estos son los relatos qué más han llamado mi atención y me han gustado más. Ante todo, por supuesto, la magnífica Odisea de Laura Luna y su excelente moraleja final. Aunque, como viene de anillo al dedo para decir de este relato “para gustos, colores”, este es mi favorito.
Mi enhorabuena a todos los participantes y a los organizadores.

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