jueves, 22 de octubre de 2009

De cómo transformé un disco duro externo en un artefacto del siglo XIX

Durante las últimas semanas, y casi sin quererlo, me he hido metiendo poco a poco en una corriente de la ciencia ficción a la que se suele llamar steampunk. Llamémosle retrofuturismo.
Resulta hasta cierto punto obvio que me gusta este tema ya que, desde siempre, me gustó mezclar de un modo u otro elementos futuros con cosas ya pasadas, olvidadas o en desesuso: campesinos cultivando sus tierras cerca de un espaciopuerto, los sistemas de gobierno ya olvidados aplicados a futuras galaxias -como hacía el Buen Doctor Asimov-, los golpes de espada entre rayos laser... incluso la idea de mandar a Asimo al año 2057.

Y, aunque a veces lo intentaba, me resultaba difícil que los temas que trataba en estas narraciones saliesen a la realidad más allá del pequeño surco que la tinta marca sobre el papel.

Pero con lo que se llama steampunk, esas narraciones ambientadas en el siglo XIX, en la era victoriana, en los ambientes de Dickens, Wells, Verne, Doyle o Jack the Ripper; eso ya es otro cantar...

Por eso presento este ejemplo: De cómo transformé un disco duro externo en un artefacto del siglo XIX.
Este es el proyecto al que nombre desde que sólo era un dibujo: Hard Drive Disguise (disfraz para disco duro).
Y, además de servir para lo que resulta evidente, resultó muy útil para probar la madera en varios experimentos que darán sus frutos en otro proyecto, otro en el que todavía estoy trabajando y espero presentar pronto.
El resto de las imágenes de este proyecto se pueden ver en mi carpeta Made of Steam, de Picasa.

2 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

¡Qué cosas! Nunca me ha dado por el steam pero visto lo visto, tendré que leer algo. ¿Alguna recomendación?

Yosu Rc! dijo...

Hace dos entradas incluí unos ejemplos de retrofuturismos.
Sin embargo, como obras de época recomendaría con especial interés:
La guerra de los mundos o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde
Pero, eso sí, lénase estas obras como si no se supiese nada de ellas. Es decir, olvidando todas las adaptaciones o versiones posteriores; sobre todo en el caso de Jekyll. Es una excelente obra.