martes, 28 de abril de 2009

Writer vs. Writer

Navegando por entre las abundantes páginas dedicadas a autores noveles hace unos días me topé con una en la que se incluye un blog para que todo aquel a quien le interese envíe su relato para ser posteado, y quizá comentado y/o votado por el resto de participantes y/o por otros navegantes ajenos.

No es nada nuevo, por supuesto. Pero, leyendo alguno de los relatos, con sus consiguientes comentarios, me doy cuenta de que los roces entre unos y otros escritores tampoco son algo nuevo. Aunque, irónicamente, la crítica destructiva y la consiguiente revolución que se provoca en el gallinero también resultan en publicidad para el relato que concursa, no diré en que página ni bajo qué relato sucedió. No me parece correcto hacerlo.

Pero no es a eso a lo que vamos. La idea que me trae hoy la marea al haber arribado en semejante puerto es por qué sucede esto. Entre autores noveles hay una tensa relación de lucha y armonía que me resulta difícil de explicar o de entender.
Si bien es cierto que se respira entre nosotros, en cualquiera de estos concursos, blogs comunitarios o foros, un agradable ambiente de colegas; también es cierto que la chispa está presta para saltar en cualquier momento. Pero, ¿cuándo? ¿Cuando nos ponemos a competir entre nosotros?
Cuando nos enteramos, por ejemplo, de que hay un concurso de novela o de relato al que nos vamos a presentar y se nos insta a difundirlo entre otros escritores, ¿cuál es la tendencia? ¿Lo haces sin dudar para que tus amigos se enteren? ¿O lo ocultas para evitarte la competencia?
Eso no se hace entre amigos y, si lo trasladamos al campo de la economía, es ilegal.

Pero no seamos tan estrictos, no hace faltar colocarse a barlovento y sacar todos los cañones por banda. Esas cosas no suelen pasar. Entonces, ¿a qué vienen esas palabras tan duras para criticar un relato?

No sé que suerte de hombrecillos se colocan tras todas vuestras pantallas, y lo malo es que tampoco puedo saber con qué expresión, ademanes, actitud o tono de voz se escriben estas cosas. Lo cierto es que, en este medio de comunicación, hay que extremar el tacto con el que nos comunicamos. Podemos hacer daño sin quererlo, cambiando una coma o al suprimir nuestra expresión facial de la ecuación.

En fin, quizá se saque algo en limpio de esto. Ya no sé qué es lo que pretendía decir. Ahí tenéis cinco párrafos de ideas y palabras que podéis combinar a vuestro gusto para entender lo que os quiero decir. Yo simplemente lanzo esta nota al mar dentro de una botella de vino que previamente he tenido que vaciar...

2 comentarios:

Laura dijo...

La naturaleza humana es compleja, pero creo que existen en ella tendencias positivas: prevalecen la solidaridad, la compasión y la capacidad de asistencia mutua. Si no hubiera sido así, nuestra especie habría desaparecido ha tiempo de la faz de este planeta, de hecho (último descubrimiento científico). Sin embargo, el hecho de que tales sentimientos sean prevalecientes, no eliminan la existencia de sus contrarios: egoísmo, envidia, intriga, etc. Existen y coexisten incluso en una misma persona. Creo que por eso notas esa extraña paradoja entre escritores. También se presenta entre otros artistas y otras profesiones. Bien se sabe que es cierto lo que dijo en su día Aristóteles: "el alfarero envidia al alfarero". No suele haber divergencias más sentidas que las que operan entre seres de la misma ocupación. Sin embargo, y como contrapartida a Aristóteles, pienso que no ayuda más a un alfarero que otro alfarero. :)
También hay gente hipersensible, que no sabe aceptar críticas, pero ese es otro tema ;)

Yosu Rc! dijo...

Desde luego, las buenas cualidades son abundantes también, por supuesto...
No sois pocos.