lunes, 6 de abril de 2009

Bloqueo mental


Se dice a veces que los escritores, o los que escriben, sufren a veces bloqueos mentales. Es decir, que de un día para otro no saben qué o cómo escribir lo que ruge en su mente; o que no tienen siquiera ideas a las que dar forma.
Se dice y se sabe pues, en mi caso, acabo de pasar por esta situación. Y no es la primera vez.
No sé cómo lo afrontarán otros pero, por mi parte, es una sensación angustiosa y bastante desagradable. Teniendo la jeta saturada de ideas que acabarán por reventarla si no se hace nada por vaciarla y sin saber cómo hacerlo. Con más ganas de escribir en la cabeza que nunca y con menos habilidad en los dedos que nunca.
Y, ¿cómo se sale de semejante pozo de la desesperación?
No hay, evidentemente, una fórmula exacta o una medicación para semejante problema. Sin embargo, aquellos escritores que lo han vivido y superado más de una vez cuentan a veces lo que la experiencia les ha enseñado.
Recuerdo haber leído de un escritor, pero no recuerdo de quién, que se dedica a ver la película de espías 39 escalones una y otra vez hasta que tuviese idea de qué hacer.
Otros dicen necesitar un baño relajante, un paseo por el campo o por orillas de mar, un episodio nuevo de Héroes o Perdidos, una visita a un museo, al cine, al abuelo...
Y también recuerdo de un comentario que hizo Pérez-Reverte en una entrevista para Página 2 de La 2 de TVE. Le preguntaban si leía mucho, o algo así, y él respondía que no puede haber escritor si no hay lector. Y esta, aunque no la panacea, es la clave. Leer, leer mucho. Y no dejar de leer.
En mi caso, fui a darme un garbeo por la biblioteca y me hice con Los mejores relatos de ciencia-ficción de Brian Aldiss (Editorial Edhasa). Tras leer el primer relato, empezaron a surgir ideas. Tras leer el segundo, siguieron surgiendo ideas y además creció el deseo de escribir con la sensación de ser capaz. No sé cómo describirlo pero puede que algún ente sensible de este enorme y diminuto mundo entienda qué trato de decir. Hay veces en las que quieres escribir pero no te sientes capaz y no lo haces. Y hay otras en las que quieres y puedes. Y así comenzó a surgir un nuevo relato. Abriendo este Word en que ahora estoy, de nuevo, escribiendo, empecé a crear esa cascada de frases que se van precipitando hacia abajo en interminable sucesión.
Y la cosa vuelve a empezar. Ayer sentías que tu mente creativa había terminado y te veías como a uno de los robots de tus relatos, sin sentimiento, imaginación ni inventiva, y hoy te ves renacer de nuevo. Libre albedrío, creatividad, imaginación...

1 comentario:

J.E. Alamo dijo...

Buena sugerencia ante ese bloqueo que todos padecemos.