viernes, 11 de abril de 2008

El anticuado libro



Esta es una reflexión adaptada de un artículo de Isaac Asimov que leí hace mucho tiempo y que me impactó especialmente.










Algunos de los cambios más espectaculares y cercanos a nosotros en cuanto a avances tecnológicos tiene que ver con los soportes que utilizamos en tiempo de ocio. En cuanto al audio, están la pianola, el gramófono, los discos de vinilo, los cassettes, los cd's, los mp3's, los iPod... Y en cuanto al audiovisual, están el vaudeville, el cine (primero con pianola, después con sonido, luego en color y ahora con medios digitales y, a veces, sin siquiera usar actores), la radio (indestructible, por cierto) y la televisión. Y, hablando de televisión, podemos grabar nuestros propios contenidos: primero en vhs (o con los cómicos beta), después en dvd y ahora en blu-ray.
Y, ¿qué vendrá luego? Hoy ya podemos grabar o editar nuestros propios vídeos en cualquier soporte. Especulando, con láser y holografía se podrían producir imágenes tridimensionales de gran realismo. Las tres dimensiones sustituirán a la bidimensionalidad.
Y, ¿luego? Pensando en la tendencia a simplificar o eliminar los soportes físicos, se me ocurre la posibilidad de que acabemos por deshacernos de todo, o de la mayor cantidad posible, de hardware. Soportes inalámbricos, infrarrojos, bluetooh... Incluso se han llegado a crear punteros de ordenador manejados con el movimiento ocular. Y esto me lleva a pensar en la posibilidad de evitar invadir la esfera de otras personas. Podríamos conseguir que todo fuese manejado por la mente. Una película configurada para que, de dos personas sentadas en un sofá, sólo una pueda verla, mientras la otra lee un libro tranquilamente. Que empiece cuando la miras, que para cuando no, que ajusta el volumen a tu oído. Poder encenderla o apagarla, avanzarla o retrocederla, ajustar volumen o contraste... Y todo con la mente.
¿Podremos tener algún día algo así? La verdad es que, volviendo a la escena de las dos personas en el sofá, ambas tienen lo mismo. La persona que lee tiene un soporte físico que existe desde hace siglos. Un objeto ligero, privado, manipulable a voluntad, que no interfiere en las actividades de los demás. Puede avanzar o retroceder a voluntad. Se enciende cuando mira, se apaga cuando no. Y cuenta con algo más.
Una película, sea ahora o en ese futuro que supuse, ha sido preeditada y siempre será la misma. En un libro eres tú, el lector, el que crea a los personajes, los decorados, las acciones, las conversaciones... Son un montón de símbolos en negro sobre fondo blanco como ningún otro medio de comunicación de la historia.
Por agradable que resulte ser espectador, participar siempre es mejor.

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