A pesar de formar parte de un
mismo universo, las novelas que forman parte de El Siglo Mecánico (publicadas por La Factoría de Ideas) no siguen una única historia o a un solo grupo de
personajes. Los argumentos que desarrollan son autoconclusivos e independientes
unos de otros, lo cual hace que los zombis de “Boneshaker” no tengan parte en
“Clementine”.
“Clementine” cuenta en esta
ocasión la primera misión en la
Agencia de Detectives Pinkerton de la exespía confederada
Maria Isabella Boyd.
Así, lejos de la Boneshaker y de los desastres derivados de su
creación, en esta segunda novela de la serie nos toparemos con la Clementine,
una aeronave federal que Maria debe escoltar para que pueda entregar con éxito
su cargamento secreto y de gran importancia para la nación.
Pero el pirata aéreo Croggon
Hainey, un esclavo fugitivo buscado por la ley, le pondrá las cosas difíciles a
Maria hasta que las circunstancias les obliguen a formar una extraña alianza contra
un enemigo común.
Las peculiaridades del argumento
le permiten esta vez a Priest desarrollar un nuevo y mucho más ampliado
escenario que en la primera ocasión, en la que toda la novela debía
desarrollarse en torno a una ciudad en cuarentena.
“Clementine” nos lleva, en
cambio, a través de los aires en viajes y batallas de piratas (muy al estilo
Abney Park), soldados y agentes secretos hasta un final quizá un tanto
precipitado.
Pero aunque esta nueva entrega se
presente a priori más aventurera y
prometedora, resulta ser la más floja de la serie. Su premisa aventurera se
descubre más pronto que tarde como un tanto más pulp, haciendo que se eche en
falta esta vez algo más de desarrollo en torno al sencillo argumento que
estamos siguiendo.
Además, al avanzar en
“Clementine”, se echa en falta algo más de profundidad en los personajes.
Después de conocer a la genial Briar de “Boneshaker”, con su oscuro pasado y su
afán por rescatar a su hijo de la ciudad de los zombies, Maria resulta un tanto
plana. Resulta, todo hay que decirlo, la heroína Steampunk de libro, a la que
tan acostumbrados estamos ya. Es un personaje agradable, con el que se logra
empatizar en seguida, eso sí, pero poco más nos muestra más allá de su carácter
bromista a la par que agresivo y duro, envidiable para una señorita de su
época. Lo que se espera de alguien con su historial.
No es una lectura desagradable ni
difícil de seguir. Vista con objetividad, resulta una aventura entretenida, que
saca sonrisas más de una vez, y bien resuelta. Sin embargo, como parte de la
serie (y teniendo en cuenta que carga el peso de “Boneshaker” a sus espaldas), no
puedo evitar mencionar que me dejó un tanto indiferente, con la sensación de
que me hubiese gustado que aportase algo más. Hay que leerla, por tanto, con
ojos nuevos y como una novela independiente y aparte.
Como opinión personal, supongo
que si hubiese sido publicada fuera de la serie, esta novela hubiese sido algo
muy diferente.